El tema central de este Blog es LA FILOSOFÍA DE LA CABAÑA y/o EL REGRESO A LA NATURALEZA o sobre la construcción de un "paradiso perduto" y encontrar un lugar en él. La experiencia de la quietud silenciosa en la contemplación y la conexión entre el corazón y la tierra. La cabaña como objeto y método de pensamiento. Una cabaña para aprender a vivir de nuevo, y como ejemplo de que otras maneras de vivir son posibles sobre la tierra.

domingo, 17 de enero de 2021

La humilde cabaña de la pintora Maud Lewis

Maud Lewis: la vida triste y la luminosa obra de la pintora que a pesar de la artritis llegó a la Casa Blanca

por Alfredo Serra


 
Maude Lewis


Puestos todos los datos de ella y él en las entrañas de una computadora de última generación operada por un mayor experto en cálculo de probabilidades, el resultado habría sido cero: imposibilidad total de que fueran una pareja, un matrimonio legal, y menos de que vivieran juntos hasta la muerte de ella…

Porque la dama, Maud Dowley (Maudie de apodo), nacida el 7 de marzo de 1903 en South Ohio, Nova Scotia, Canadá, estaba condenada de antemano por la implacable artritis reumatoide desde apenas el fin de su adolescencia, que lentamente le deformaría las manos, las piernas y la espalda, convirtiéndola en una fotografía de la desdicha… Una lisiada de rasgos cercanos a la fealdad, y apenas iluminados por una conmovedora sonrisa de inocencia.

Pasó pocos años en las aulas: el bullying fue despiadado. La crueldad sin límite de los niños frente al distinto. Crueldad que no fue menor en su familia. John Dowley y Agnes Germain, sus padres, murieron en 1935, su hermano Charles vendió la casa paterna, y el desamparo la empujó a vivir con su tía Ida, que no era un ángel de bondad: le arrebató su único hijo, lo vendió a una familia vecina, y le dijo a Maudie que el bebé nació deformado y murió a las pocas horas.

Una mañana de fines de diciembre de 1937 lee un anuncio repetido en varias vidrieras: "Se busca mujer para limpieza con residencia incluida para un hombre de cuarenta años". El hombre es Everett Lewis, un vendedor ambulante de pescado. Tosco, huraño, de mínima instrucción y menos palabras. Vive en una pequeña casa de madera –escasos doce metros cuadrados–, sin electricidad y sin vecinos a la redonda, en la entonces solitaria comarca de Marshalltow. Un desolado páramo que, en invierno, la nieve perpetua transforma en una sucursal de la nada…

Pero Maudie aparece en la puerta y acepta el trabajo. La casucha tiene una sola cama. Ergo, deben compartirla. En los primeros días no hay sexo, pese a los esfuerzos de ella. Everett llega a decirle que antes le haría el amor a un árbol. Pero Maudie se ha enamorado de esa especie de troglodita con el que convive día y noche, y le pide –le ruega– que se case con ella.

Y sucede. El 16 de enero de 1938 se casan sin pompa alguna: ella, acaso su único vestido, y él, un traje desempolvado de un baúl, anticuado y no demasiado limpio. Y en la escena, unos pocos vecinos, unos pocos aplausos, algún ¡Vivan los novios!

 

Cabaña de Maude y Everret Lewis


Pero a Maudie, además de un singular marido, le aparece la justificación de su presencia en la tierra: el arte. Desde chica, influida por su madre, aprendió a pintar a la acuarela tarjetas de Navidad que vendíanpor 25 centavos. Y siguió, y creció. Empezó a acompañar a Everett en sus recorridas, y al pescado fresco se sumaron sus hallazgos folk, preludio del naïf: paisajes, hojas, flores, animales (caballos, bueyes, pájaros, ciervos, gatos, barcos, trineos, patinadores de hielo). Lo que veía…

Obsesiva, y al principio a regañadientes de Everett, pintó todo el interior de la casa. Paredes, puertas, ventanas, y hasta la estufa. Lentamente, su arte, de engañosa simpleza, colores puros –no los mezclaba–, ausencia de sombras y el cartel en la puerta de la casa anunciando "Cuadros en venta", ya no por centavos sino por dólares, despertó la codicia del pescador: le compró pinturas y, más que la animó, la obligó a no despegarse del banco y el tablero de trabajo.

Fin del conflicto. Porque en los primeros años, Everett la acusaba de jugar con pinturitas mientras él se deslomaba recorriendo kilómetros con su desvencijada camioneta cargada de pescados. El hombre trabajador y la niña juguetona, en fin. La ignorancia frente a la creación, hasta que las cuentas no sólo se equilibraron, y los peces del mar pintados al óleo recaudaron más que los atrapados en la red.

Interior de la cabaña


Pero la artritis, asesina silenciosa, seguía su trabajo. Las deformidades de Maudie se agudizaron. Sus dedos se curvaron y se tornaron rígidos. Sólo podía pintar con una mano sostenida a duras penas por la otra.

Fiel al pequeño formato (20 x 25 centímetros), sólo pintó unas cinco obras de 60 x 60. No por decisión artística: porque sus brazos podían extenderse cada vez menos.

Pero los turistas que se acercaban a la cabaña para conocer a la artista y comprar sus cuadros se multiplicaron en progresión inversa a la incapacidad física de Maudie. De pronto, en 1964, periodistas de la revista Toronto Star Weekly cruzaron el páramo para hacerle la nota a esa singular mujer casi tan pequeña como un niño, atormentada por su enfermedad, y camino a la fama








Un año después, el boom. Maudie fue la estrella invitada de un programa prime time de la cadena CBC Television y los pequeños cuadros pasaron de los primeros centavos a los diez dólares. Y en 1970, la Casa Blanca, presidencia de Richard Nixon compró dos cuadros de obras de Maudie ¡en 16 mil dólares!, porque su temporal habitante era fanático de ella.

Poco antes de morir, luego de abandonar la cabaña por una feroz pelea con Everett, y en la casa de su tía, le fue revelada la verdad más desgarradora: su hija no nació deforme ni murió. Fue entregada, vendida a un matrimonio de la cercanía, y Maudie la vio de lejos: una sana y rebosante mujer en su jardín.

El film Maudie, el color de la vida, de 2016, con Sally Hawkins y Ethan Hawke, 
dirigida por Aisling Walsh, ganó siete importantes premios


Quizá fue el golpe de gracia. Everett, triste por su ausencia –tristeza tal vez no ajena al dinero que entraba–, fue a buscarla y le confesó a su manera, mezcla de palabras y gruñidos, que no podía vivir sin ella. Tarde. El 30 de julio de 1970, a sus 67 años, no pudo sobrevivir a una pulmonía.




Sus últimas palabras, susurradas a Everett, fueron "Fui amada"

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La sepultaron en un ataúd para niños.

Nueve años después, Everett murió en su cabaña, de un balazo disparado por un ladrón.





















































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En 2017, una pintura de Maudie (Retrato de Eddie Barnes y Ed Murphy, pescadores de langostas) 
hallada en una tienda de objetos de segunda mano en Ontario, se vendió en subasta por 45 mil dólares






















(Post scriptum: en 1996, apareció el primer libro sobre su vida, titulado La luminosa vida de Maud Lewis, del escritor Lance Woolaver. Le fueron dedicados tres documentales de la National Film Board of Canada. El film Maudie, el color de la vida, de 2016, con Sally Hawkins y Ethan Hawke, dirigida por Aisling Walsh, ganó siete importantes premios. En 1984, la cabaña de la pareja, restaurada, fue comprada por la provincia de Nueva Escocia y quedó para siempre en la galería de arte local. En Marshalltown y en su lugar original, se levantó una réplica en acero de las mismas medidas, diseñada por el arquitecto Brian MacKay-Lyons. No es poco in memoriam de esa chica solitaria, enferma y maltratada que vendía postales a la acuarela en vísperas de Navidad).



https://www.infobae.com/america/cultura-america/2018/12/17/maud-lewis-la-vida-triste-y-la-luminosa-obra-de-la-pintora-que-a-pesar-de-la-artritis-llego-a-la-casa-blanca/







viernes, 1 de enero de 2021

Caminar, leer, estar en silencio.


Prácticas de transgresión:
caminar, leer, estar en silencio.
Por el filósofo José Miguel Valle

Una práctica de transgresión es aquella que desobedece y quebranta el discurso hegemónico. El orden normativo que nos envuelve con su invisible omnipresencia privilegia la celeridad y la rentabilidad económica, y tiende a minusvalorar todo lo demás.

Suele ocurrir que todo lo que se solicita con urgencia alberga una importancia minúscula para las cuestiones conspicuas. Lo verdaderamente relevante y transformador necesita el concurso del tiempo y la comparecencia de la lentitud, nada que ver con el apremio alentado por la retórica de la producción y la financiación.


Edvard Munch. "Melancolia", 1894-1896


Hace poco escribí para un texto que «si hay mucha prisa en hacer algo, con bastante probabilidad ese algo no tiene la menor importancia para lo importante de la vida». La prisa es una invención de un capitalismo que necesita producir cada vez más y cada vez más aceleradamente, e inventar relatos del ser y el tener que azucen el deseo de que lo producido y ofertado sea apurado con voracidad consumista para que se agote cuanto antes, y proseguir así el bucle de la maquinaria, pero incrementando la velocidad en cada nueva rotación para a su vez aumentar progresivamente los márgenes. El proceso es inacabable, pero para que no pierda cadencia requiere explotación y deshumanización.

David Le Breton es autor de dos ensayos que invitan a lentificar la vida para entenderla y sentirla mejor. Uno de ellos trata sobre la revelación terapéutica del caminar y su verificación de que somos cuerpo (Elogio del caminar), y el otro sobre la función reparadora del silencio (El silencio, aproximaciones). Utilizar nuestra arquitectura corporal, que ha sido diseñada para andar, y abrazarse a la presencia acogedora del silencio, son formas de resistencia política, un posicionamiento de contrapoder en un mundo sobrecargado de celeridad crónica, incontinente ruido, palabrería huera y alienante, polarización de las deliberaciones, empresas de comunicación vertiendo sin pausa información desconectada de significado.

Los tiempos del caminar son tiempos disidentes, confabulan contra esa competitividad erigida en eje axial de la vida humana. Caminar despacio atendiendo a lo que ocurre en nuestro derredor se yergue en crítica vivencial a un discurso que ordena ligereza y prontitud, e incita al atajo. Caminar transmuta nuestra relación con el tiempo, pero también con el cuerpo, y con el silencio, puesto que caminar es una manera muy fértil de que yo y yo acaben entablando una conversación llena de matices. «Caminar es vivir el cuerpo», «caminar es un método tranquilo de reencantamiento del tiempo y del espacio», «el caminante es quien se toma su tiempo y no deja que el tiempo lo tome a él», sostiene Le Breton.


Salvador Dalí, "Muchacha en la ventana", 1925


Isaac Israels, "Muchachacha leyendo en el sofá", 1920


El apresuramiento nos impide remansarnos e interpelarnos en los espacios y en los tiempos, que son dos dimensiones insoslayables para el enraizamiento de la confianza y los afectos. La celeridad sabotea tejer vínculos profundos de interacción con los demás y deshilacha aquellos que una vez estuvieron trenzados. La prisa liquida el mundo y lo degrada en mundo líquido (en la acertadísima expresión acuñada por Bauman). Me resulta imposible no citar aquí la experiencia lectora, que calca muchas de las virtudes del caminar. La pausa y reflexión que requiere la práctica de la lectura absorta es una forma de abdicar de la lógica de la vida contemporánea sobrecargada de horarios frenéticos, tareas y el absolutismo del tiempo remunerado (al margen de lo que supone conversar con mentes privilegiadas que han tenido la deferencia de compartir con nosotros sus ideas articuladas en lenguaje escrito). Más todavía. Leer es pura insumisión a un orden que pugna por arrebatar nuestra atención con el fin de dispersarla primero y vaciarla de criterio después. La autonomía consiste en colocar la atención allí donde lo elegimos nosotros, y no una entidad heterónoma. Leer cultiva esa autonomía porque nos devuelve la soberanía sobre nuestra atención, el botín más preciado en la civilización digital. Y, como apunta Emilio Lledó, nos aprovisiona de un lenguaje que nos pueda defender.

Cada vez se camina menos puesto que cada vez los sitios cotidianos están más lejos (la gentrificación expulsa a las personas de los centros de las ciudades) y los trayectos son más largos (y no disponemos del tiempo ni de la energía atlética suficientes como para desplazarnos andando). Sin la parsimonia metaforizada en el caminar y en el leer, y sin el silencio como acceso al musitar palpitante de las cosas, la ensordecedora sonoridad del mundo y su zumbido epocal anestesian las condiciones de la deliberación reflexiva. El silencio es una forma de cuidarnos, puesto que solo en el silencio podemos tomar perspectiva sentimental y política suficiente para atender al ser en el que sucedemos y que existe al lado de otros seres que también suceden junto al nuestro.

En el ensayo Acerca de nosotros mismos parafraseo a Wittgenstein cuando entendía que «de lo que no se puede hablar, mejor es callar». En la cotidiana y ubicua anomalía pandémica sostengo que «de lo que nadie es capaz de callar, mejor es no hablar». Este posicionamiento no elude la crítica ni la contestación. Simplemente señala que en la política folk no se reflexiona, se reacciona. El coronavirus ha abierto un momento idóneo para deliberar, y probablemente el peor para reaccionar. Hace poco le leí a mi admirada Remedios Zafra que «el exceso de información opera como una forma de ceguera porque es inabarcable». El silencio y la invisibilidad nos permiten desintoxicarnos del alud de información que por su tamaño y su apresuramiento impiden que permeen afectiva y epistémicamente en nosotros. Invisibilizarse también es transgresor en un momento en el que casi todos visibilizamos casi todo.

Artículo de José Miguel Valle

Filósofo y escritor, José Miguel Valle se dedica al estudio y análisis de la interacción humana. Escribe semanalmente en su blog Espacio Suma NO Cero. Es autor de los ensayos La capital del mundo es nosotros, La razón también tiene sentimientos, y El triunfo de la inteligencia sobre la fuerza. Su último libro es Acerca de nosotros mismos. Ensayos desde el confinamiento (CulBuks, 2020). Aquí puedes leer la entrevista que le realizamos en Cultura Inquieta con motivo de su reciente publicación.


https://culturainquieta.com/es/pensamiento/item/17311-practicas-de-transgresion-caminar-leer-estar-en-silencio-por-el-filosofo-jose-miguel-valle.html



jueves, 24 de diciembre de 2020

Lo más profundo del bosque

 

FotoPia Winther og Camilla Brændgaard






Escape a lo salvaje
El regreso de una familia a la simplicidad

por Andrea Hejlskov, traducido por Lasse Nyholm


Andrea Hejlskov estaba seguro de una cosa: la vida no podía continuar como estaba. Ella y su esposo se habían desilusionado con sus trabajos y las presiones de la vida urbana, sus cuatro hijos pasaban demasiado tiempo en sus habitaciones con sus computadoras y las conversaciones se habían vuelto tan esquivas como su conexión con una existencia significativa. Para Hejlskov y su familia, la vida se había vuelto demasiado complicada; No importa qué tan rápido corrieran, nunca llegaron a ninguna parte, no importa cuánto trabajaron, nunca tuvieron suficiente dinero. Enfrentados a una constante sensación de fracaso y siempre quedando atrás, los Hejlskovs optaron por correr en la otra dirección. En una búsqueda para descubrir lo que realmente cuenta, hicieron un movimiento audaz: vendieron su casa y se separaron de la mayoría de sus pertenencias.

En el año siguiente, la familia construyó una cabaña en las profundidades de Suecia y llevó a cabo un experimento: ¿podrían vivir una vida plena mientras miden su impacto en un mundo que necesita desesperadamente un cambio? Lo que estaba destinado a ser un experimento de un año se convirtió en un viaje de seis años que cambió fundamentalmente todo en sus vidas . ESCAPE TO THE WILD: EL RETORNO DE UNA FAMILIA A LA SIMPLICIDAD es la notable historia real de una familia que abandona todo para comenzar una nueva vida. ESCAPE TO THE WILD, una memoria conmovedora y una crítica apasionada de la vida moderna , es un recordatorio de que podemos elegir llevar la vida que vivimos.


¿Quién es Andrea Hejlskov?

por VOLCANO Libros | Oct 23, 2018 | No ficción


Por Andrea Hejlskov

Soy una escritora danesa de no ficción, y toda mi carrera ha sido una búsqueda para intentar responder a una pregunta: «¿Quién soy?».

¿Quién soy yo como madre de cuatro hijos, y qué es la maternidad? ¿Qué significa ser una unidad familiar? ¿Cómo nos reforzamos o nos limitamos los unos a los otros? ¿Quién soy yo como mujer moderna, de qué manera me definen mis ambiciones y mi trayectoria? ¿Cómo estoy vinculada con el resto del mundo? ¿Y con la Naturaleza?

Yo SOY la naturaleza

Hace 8 años, mi familia y yo abandonamos nuestra ajetreada vida moderna y huimos a los bosques de Suecia, donde nos instalamos como pioneros y construimos nuestra propia cabaña de madera. El primer año fue especialmente primitivo; vivíamos bajo una lona mientras a diario nos esforzábamos, como familia, por sobrevivir. Reconectándome con el animal salvaje que hay dentro de mí, reconectándome con la sensación de ser «tribu», algo que, para mi sorpresa, parecía haber perdido. Pero, sobre todo, para convertirme en PARTE de la Naturaleza; fue un momento decisivo en mi vida. No estoy al margen del mundo, no soy una espectadora de la Naturaleza. Yo SOY la Naturaleza. Soy un elemento de la Naturaleza. En muchos aspectos fue una experiencia reveladora que me llevó a convertirme después en activista del clima y en una periodista y columnista muy crítica sobre el cambio climático. Mi sentido político de acción e independencia surgió en medio de la naturaleza, y ahora salgo a menudo del bosque para viajar dando conferencias y charlas sobre la naturaleza, el clima y la «cultura de la autenticidad», como llamo yo a las muchas subculturas de las que ahora formamos parte. Estas subculturas implican, por ejemplo, la vuelta a la naturaleza salvaje, las tareas domésticas básicas, la permacultura, el instinto de supervivencia, las habilidades para vivir en el campo, la vuelta al movimiento de la tierra o la vida sin dinero.

En muchos sentidos, hemos tomado opciones vitales radicales, y como aún vivimos de forma primitiva en medio de la naturaleza, continuamos llevando vidas radicales, pero siento que no es solo mi derecho sino también mi obligación volver a la comunidad de la cultura, a la sociedad, y hablarle a la gente acerca de nuestra experiencia. Sé que mucha gente anhela vivir como nosotros y que a menudo piensan mucho en ello, pero no lo hacen. ¿Por qué? ¿Qué es lo que frena aquello que nuestros sentidos animales (de uno mismo) quieren que hagamos? Creo que esto es lo más interesante, y también lo más importante, sobre lo que reflexionar en nuestros tiempos modernos.

Como periodista y escritora me empeño en escribir de una forma muy honesta. Para mí esto es una rebelión contra la falsedad y lo falso de la cultura comercial moderna. Dejo abiertas mis heridas y mis dudas, no tengo soluciones mágicas para todo. Soy simplemente un ser humano que estudia lo que significa estar vivo hoy en día. Una cosa de la que estoy profundamente convencida es de que, como cultura, necesitamos encontrar otras historias sobre qué es un ser humano y lo que este puede hacer. Las historias de eficiencia, productividad y soledad nos han fallado; las historias de capitalismo, colonialismo y explotación no nos sirven ya de nada. Yo intento ofrecer nuevas historias o quizá al menos otra forma de hablar sobre las cosas. Si queremos entender la Naturaleza, cuidarla, sentir que realmente somos PARTE de la Naturaleza, necesitamos historias que puedan reconectarnos con ella de una manera fundamental. No historias bonitas. No historias maravillosas que nos quieren vender equipamiento para el campo o cursillos, sino historias REALES. ¿Qué sucede cuando una familia moderna renuncia a sus trabajos, se deshace de todas sus pertenencias y se marcha a vivir a lo más profundo de la naturaleza? Esta es la pregunta que he tratado de responder en mi libro. En cuanto a mí y la cuestión de la identidad sobre quién soy, todavía no lo sé, pero esto es lo que pienso: creo que soy alguna clase de rebelde.

Allí estaba, de pie, con varias bolsas de basura delante del contenedor. Lo estaba tirando todo, me tiraba a mí misma. Yo no era tan importante para mí misma, no desempeñaba un papel importante.
Me imaginaba envolviendo mi cuerpo sin vida en una alfombra oriental, muy cara. Lanzaba la alfombra con un movimiento suave por encima de la pared metálica del contenedor. Al caer, producía un ruido indefinible. No como las bolsas de plástico negro, que crujían. Miré hacia donde estaba mi yo, allí abajo. La figura de Andrea estaba en el contenedor, desperdigada entre viejas tuberías, cajas de cartón, cintas de casete y muebles rotos. La figura de Andrea se había roto en mil pedazos.
Fue un día nublado en el campo.
Me puse de puntillas y miré hacia abajo, hacia el abismo.


Manual práctico para vivir (o no) 
en lo más profundo del bosque

¿Y si en este nuevo año nos vamos a vivir a una cabaña en lo más profundo del bosque? Yo siempre soñé con vivir en una casa así. De niño hice varios intentos de construir viviendas en lo alto de los árboles con discretos resultados. ¿Quién no ha soñado alguna vez con algo parecido? El libro ‘Nuestra casa en el bosque’, editado por Volcano, aborda el asunto: tener una vida sencilla, vivir en plena naturaleza como si fuéramos colonos.

Andrea Hejlskov lo soñó y tuvo los arrestos necesarios para hacerlo. Ella, su marido y sus cuatro hijos, uno apenas un bebé. Lo vendieron todo para seguir ese sueño. Quemaron sus naves y con apenas lo puesto se internaron en un mundo forestal totalmente desconocido. Eran de Dinamarca y se fueron a los bosques de Suecia, eran oficinistas y quisieron ser autosuficientes, vivir de lo que da el campo, escapar del mundo consumista, luchar por reaprender tareas esenciales como cortar leña, encender fuego, lavar ropa en el río o construir su propia cabaña con troncos de los árboles. Una idea preciosa. Hermosa. Pero como era de esperar, más idílica que realista.


(Volcano Libros, 2018) narra la descabellada decisión de toda una familia por comenzar una nueva vida, más auténtica, más austera, en lo más profundo de un aislado, inmenso y desconocido bosque escandinavo. Una honesta narración en primera persona de la bloguera y activista medioambiental Hejlskov, quien en este libro autobiográfico confiesa todas sus insatisfacciones previas pero también reconoce sus posteriores errores y miedos en ese nuevo entorno tan hostil, además de sus logros, que no son pocos.

Temperaturas de hasta menos 30 grados centígrados. Mucha nieve, pero igualmente lluvias torrenciales durante semanas. Toda la dureza y ninguna comodidad. Cuando una ducha de agua caliente se convierte en un lujo inalcanzable pero el nacimiento de la primera lechuga de la huerta es un intensísimo rayo verde de esperanza. Andrea terminará por no reconocer sus antiguas manos de oficinista, ahora sucias y duras, de currante real. Pero logrará establecer una estrecha conexión con el campo y consigo misma inimaginable, gozosa.

Uno busca en este libro un relato épico, la perfección de vivir en plena naturaleza, una vida auténtica desconectada de la moderna sociedad de consumo donde todo transcurre plácidamente, recoges flores, comes deliciosas bayas del bosque, haces mermeladas y pasas las horas relajado frente al calor de la chimenea leyendo un libro. Pero las cosas no son como el lector se las imagina ni Hejlskov y su familia se las esperaban. Ni mucho menos. Más bien ocurre lo contrario. Los pobres se pasan el día currando, algo que era habitual en el mundo rural de antaño y que hogaño hemos olvidado.

Machismo rural

Lo más sorprendente, hasta la indignación, es comprobar cómo desde el minuto uno, en esa nueva vida y en ese nuevo ambiente feliz donde el mundo se reduce a una familia de seis miembros aparecen los roles de género más machistas del patriarcado tradicional. El marido corta troncos de sol a sol, construye una cabaña y se emborracha cuando llega reventado por la noche a casa. La mujer cocina, lava, limpia, cuida de los niños y se cabrea una y mil veces por esta situación tan injusta, pero no logra cambiarla, alguien lo tiene que hacer y le ha tocado a ella. El niño mayor ayuda al padre. La niña mayor a la madre.

Comen poco y mal, odian el lluvioso otoño, temen la llegada del terrible invierno, viven sucios sin agua corriente y ante todo son terriblemente paradójicos. Sus únicos ingresos económicos son las ayudas de 1.000 coronas por hijo que reciben mensualmente de ese gobierno danés del que tanto desconfían. Y con ese dinero que desprecian pueden pagarse la gasolina para ir a comprar comida al supermercado de la población más cercana, el combustible para el generador de luz de la casa, la conexión a Internet del ordenador, el ron y el tabaco que les da ánimos nocturnos. Nadie es perfecto, ni siquiera en el bosque.

Problemas con la basura

Hay muchas crisis en esta historia, pero yo me quedo con la más increíble de todas ellas. Después de llevar viviendo varios meses en el bosque se dan cuenta de algo en lo que no habían previsto: las basuras. Habían comenzado a acumularlas en cantidades inmensas, vidrios, latas, plásticos, restos de comidas. Ni reciclaje ni porras. En el bosque no hay contenedores. Pueden llevarla al vertedero, pero tienen dos problemas insalvables. El primero es ¿cómo transportarlas? No caben todas en el coche. El segundo puede sorprender a un español: en Suecia hay que pagar por usar el vertedero. Y no tienen dinero.

Sus escasas visitas a la ciudad tampoco le satisfacen. Se siente en ellas como una salvaje asombrada, inadaptada, asustada por tanta prisa, tanto estrés, tanta deshumanización. Es una mujer diferente.

Andrea no engaña a nadie y menos aún a ella misma. Escribe con valiente humildad, reconociendo sus muchas dudas y desvelando incluso los malos rollos con un marido que pasa demasiado de ella, empeñado en construir una cabaña mejor donde instalarse todos antes de la llegada del invierno. Y con unos hijos que también quieren decidir su futuro.

El lector se siente un cotilla mirando por el ojo de la cerradura de esta familia del bosque tan peculiar. Ella quiere ser feliz pero apenas lo logra. Cuando lo consigue, apenas unos instantes de hermosa felicidad siguiendo el vuelo de una libélula o el reflejo de un rayo de sol, los registra con pulcritud de notario. Son breves atisbos de eternidad ciertamente emocionantes.

Como reconoce en el libro, “quería contar una historia verdadera, así que escribí sobre los problemas y dejé aparte la belleza, ¡pero estaba ahí presente, y era sobrecogedora!”.

Todo. Lo cuenta todo. Son las pegas (o las virtudes) de ser bloguera, actividad relatora que Andrea mantiene desde 2011 y de la que este libro es un resumen extendido de su cuaderno de bitácora. De hecho, contra todo pronóstico, a día de hoy sigue viviendo en ese mismo bosque que tantos quebraderos de cabeza y alegrías le ocasionan, y sigue contando las peripecias vitales a través de su cuenta de Instagram y de su blog personal. Su anterior vida como directora de una agencia de coaching y consultora empresarial ha quedado definitivamente olvidada.

Momentos de oro del libro

“Nos ceban con miedo, como a los gansos. Hasta que consiguen que nos rindamos. Que ya no nos indignemos por nada. Que nos volvamos indiferentes. ¿Quién puede seguir siendo sensible en este mundo sin volverse loco?”.

“El aire olía a bosque y a cielo estrellado”.

“El fuego es lo que nos hace humanos”.

“Cuando cae la nieve suena exactamente como un susurro”.

“La vida en el bosque es realmente extraña. En verano uno se pasa todo el tiempo preparándose para el invierno, y en invierno, todo el tiempo soñando con el verano”.

“El bosque empezó a oler distinto, más intenso. Olía a madera seca, a musgo húmedo, a roca caliente, a tierra blanda, a río que fluye, y a nosotros mismos. Empezamos tener otro olor; igual que les pasa a los animales, teníamos nuestras propias marcas olfativas”.

“Estuve allí tumbada durante un buen rato mirando las estrellas. Me imaginaba que caían lentamente sobre mi rostro, como copos de nieve”.



https://49thshelf.com/Books/E/Escape-to-the-Wild
https://forfatterweb.dk/oversigt/hejlskov-andrea
https://elasombrario.com/manual-practico-vivir-bosque/
https://draft.blogger.com/blog/post/edit/228787287723518540/8997477430129825506



martes, 30 de junio de 2020

Cabaña de Ernest Hemingway en Wyoming


Ernest Hemingway en Wyoming
Publicado: 1 de octubre de 2018


La historia de Wyoming del novelista estadounidense Ernest Hemingway comenzó cuando buscaba consuelo, aislamiento y belleza cerca del Parque Nacional Yellowstone . Sus capítulos abarcan la totalidad de su vida adulta, pero solo se les ha otorgado un significado pasajero. En la vida de Ernest Hemingway, las escenas de caza, una boda, un aborto espontáneo, las lesiones y la degeneración física encontraron todos los escenarios de Wyoming. Las amistades crecieron, pescó con sus hijos y escribió gran parte de su mejor trabajo aquí, con gran energía, productividad y viveza.

Ernest Hemingway y su segunda esposa, Pauline Pfeiffer Hemingway, en una tienda de campaña de Spear Ranch en las montañas Wolf al norte de Sheridan, 1928. American Heritage Center.


Sueños de Italia, Primera Guerra Mundial y Wyoming

Ernest Hemingway, de apenas 19 años, tuvo mucho tiempo para pensar durante sus seis meses de hospitalización en Milán. Había sido golpeado en las piernas menos de tres semanas después de llegar a Italia como conductor de ambulancia de la Cruz Roja de los Estados Unidos. En la habitación contigua a la suya estaba el conductor de la ambulancia Henry Villard, que más tarde se convertiría en embajador de Estados Unidos, y que sufría de ictericia. Los dos intercambiaron historias sobre el tamaño de la trucha que habían pescado en casa y cocinado con tocino al fuego. Recordaron estar lejos de la civilización y pasar días en una tienda de campaña cuando llovía.

Villard describió un rancho en el South Fork del río Shoshone en Wyoming donde había pasado el verano anterior. "Voy a vivir allí, Hem", declaró. Hemingway respondió: "Demonios, yo mismo saldré algún día".

Hemingway lamentaría la pérdida de su relación mayoritariamente fantaseada con su enfermera Agnes von Kurowsky.

Se casaría y divorciaría de Hadley Richardson y viviría en Francia y España; conviértete en padre; tuvo un romance con Pauline Pfeiffer, un matrimonio con ella y un segundo hijo antes de que él y su amigo y compañero conductor de ambulancia Bill Horne subieran al Ford Runabout amarillo de Ernest y se dirigieran al oeste.

Hemingway en Wyoming, 1928. Ese verano se quedó en el Folly Ranch y en Spear-O-Wigwam, ranchos para turistas en las montañas Bighorn al oeste de Sheridan. Le encantaba cazar y pescar, recordó un luchador décadas después, y aún más, le encantaba hablar de eso. Biblioteca John F. Kennedy.


"Vino de Wyoming"

Hemingway ya había publicado la novela The Sun Also Rises y las colecciones de cuentos In Our Time y Men Without Women cuando llegó al Folly Ranch cerca de Sheridan en julio de 1928, apenas un mes después del nacimiento de su segundo hijo, Patrick.

Hemingway había dejado el sofocante calor del Medio Oeste por el aire fresco y claro de las montañas de Wyoming. Él y Horne llegaron a Sheridan y encontraron su camino hacia Folly Ranch en Bighorn Range. El registro del rancho incluye una entrada en la que se llamó a un Dr. Spaulding en medio de la noche para tratar el "insomnio tics" de Hemingway, probablemente el síndrome de piernas inquietas.

Ese verano, a los 29 años, le escribió a un amigo del rancho que estaba "solo como un bastardo", que bebía y comía demasiado y que toda su vida parecía inútil. Esperaba terminar A Farewell to Arms , ambientada en Italia durante la Primera Guerra Mundial, antes de que llegara Pauline. La reciente dificultad de Pauline para dar a luz a su hijo, Patrick, fue el modelo de la muerte de Catherine durante el parto en A Farewell to Arms . Molesto por el ruido y los turistas en el Folly Ranch, Hemingway se mudó al Sheridan Inn, construido en 1893 por Burlington Railroad , luego al Donnelly Ranch y finalmente al Spear Family Ranch, llamado Spear-O-Wigwam. En agosto, Pauline se unió a él, después de haber dejado al bebé Patrick al cuidado de sus padres y su hermana.

Después de la llegada de Pauline, los dos comieron y bebieron vino en Sheridan con la familia Moncini, inmigrantes de Francia. Esto fue durante la Prohibición , convirtiendo a los Moncinis en contrabandistas con antecedentes de arrestos. Hemingway les cambió el nombre de Fontans en su cuento "Wine of Wyoming". A pesar del entorno idílico y las asociaciones felices del narrador con Europa, la historia revela destellos de trauma y la inquietud de la psique de Hemingway. Algunos estudiosos se han centrado en la Prohibición y la situación política a la que alude la historia. Pero Hemingway se había visto muy afectado por Gertrude Stein y su círculo de artistas y escritores en París después de la guerra.

Lo que surgió de su asociación fue un movimiento llamado dadaísmo. Dadá significa caballo de batalla en francés, y los expatriados en París intentaban lidiar con su estado desmoralizado y devastado por la guerra simplificando su arte y escribiendo hasta el punto de lo absurdo y un juego de niños. “Wine of Wyoming” parece encajar en muchos aspectos con este modelo dadaísta.

Los expatriados fueron influenciados por los sueños, el inconsciente y la libre asociación. Rechazaron a la burguesía en la sociedad y la época victoriana y utilizaron este modelo para protestar contra la locura de la guerra. Una de las influencias más fuertes fue la tira de dibujos animados del dibujante George Harriman Krazy Kat en el New York Times . En el caso de Hemingway, beber en exceso parece haber contribuido al estilo sin sentido de "Wine of Wyoming".

Hemingway y Frances 'Bunny' Thorne, en ese momento invitada en Folly Ranch al oeste de Sheridan, agosto de 1928. Conoció al viejo amigo de Hemingway, Bill Horne, en el rancho ese verano, y luego se casó con él. El auto es el Ford amarillo de Hemingway que cuenta con muchas anécdotas. Sala de Wyoming, biblioteca pública Fulmer del condado de Sheridan.


Wister y Yellowstone

Pauline y un exhausto Ernest se dirigieron al Parque Nacional de Yellowstone después de que él terminó Adiós a las armas . En el camino, se detuvieron en Shell, Wyoming, en el lado oeste de los Bighorns, para encontrarse con Owen Wister , quien escribió The Virginian , el western más famoso de su época, ambientado en Wyoming . Wister era un ferviente partidario del trabajo de Hemingway, y los dos compartían su dedicación a la observación y los detalles.

Wister nació en 1860. Cuando murió en 1938, dijo: "Ya no es mi mundo". Hemingway recordaría a Wister como un "viejo dulce" y "más desinteresado y cariñoso", uno de los pocos escritores que alguna vez le gustó. Wister era un caballero anticuado y uno de los últimos de una raza en vías de extinción.

Después de contemplar la belleza del Parque Nacional Yellowstone, Hemingway y Pauline concluyeron su viaje en automóvil en Casper , donde tomaron el tren para visitar a la familia de Pauline en Piggot, Arkansas. Según los informes, Hemingway escribió 600 páginas en Wyoming ese verano, que era aproximadamente el mismo número. de pescado que Pauline y él habían pescado durante su estancia.


El L Bar T cerca de Cody

En 1930, Hemingway, Pauline y el hijo de Ernest, Jack (Bumby), regresaron a Wyoming, esta vez viajando a Cody, Wyo., Llamado así por su fundador, el showman del Salvaje Oeste William F. “ Buffalo Bill ” Cody. Desde allí, los Hemingway encontraron su camino hacia L Bar T Ranch, al noroeste de Cody, en Wyoming pero cerca de Cooke City, Mont. El rancho era propiedad de Olive y Lawrence Nordquist, quienes se convertirían en sus amigos. A Ernest le gustaba el L Bar T porque nadie parecía conocerlo allí y cuando supieron quién era, no pareció importarles. Olive Nordquist informó que Hemingway comenzaba cada día con un gran desayuno y media botella de vino, luego se retiraba a su cabaña para escribir. Durante el resto del día, bebió whisky. Estaba trabajando en Muerte en la tarde , su libro de corridas.

Ernest y Pauline en ruta desde Europa a Wyoming, 1934. Casper College Western History Center.

Ese primer año en el L Bar T, hubo informes de un oso negro molestando al ganado en el South Fork del río Shoshone. Hemingway y los otros cazadores mataron a un caballo, lo cortaron y lo dejaron al sol para que se pudriera. Cuando el oso se sintió atraído, le dispararon.

Ya fuera por imprudencia, alcohol, puro accidente o alguna combinación, las lesiones lo plagaban. Después de matar a un oso pardo en el L Bar T, Ernest galopó triunfalmente montaña abajo, se rompió la rodilla y tuvo que ser trasladado al hospital Cody, donde sufrió septicemia. En otro accidente, se cortó la cara mientras cazaba y requirió puntos de sutura. Los accidentes son una manifestación reconocida de PTSD, especialmente en aquellos que han experimentado la guerra.

En noviembre de 1930, hizo rodar su automóvil mientras trataba de evitar un automóvil que se aproximaba en una de las carreteras estrechas de la época. Una fractura en espiral de su brazo requirió varias cirugías y una recuperación de dos meses en el hospital de Billings, Mont. Al estilo de Hemingway, tomó notas y observaciones que se convertirían en el cuento "El jugador, la monja y la radio".

En 1936, Hemingway trabajó en Para Tener y no en el L-bar T. El libro es violenta, la muerte o la amenaza de la muerte como un tema constante. Le escribió al poeta Archibald MacLeish desde el rancho que había matado a dos osos pardos. Más tarde mataría a otro.

En la carta, le dijo a su amigo: “A mí me gusta mucho la vida. Tanto que será un gran disgusto cuando tenga que dispararme ”. Y lamentó que a nadie le gustara más lo que escribía. No había tenido un gran éxito desde Adiós a las armas .

En 1939, Ernest trajo consigo al L Bar T la radio portátil que había llevado durante la Guerra Civil española. El 1 de septiembre de 1939, salió corriendo al campo, gritando para que cualquiera lo oyera: “¡Los alemanes han entrado en Polonia! ¡Los alemanes han entrado en Polonia! " Fue un momento decisivo y el fin de una era; La Segunda Guerra Mundial había comenzado en Europa. Ernest no volvería nunca más al L Bar T.

Esa última visita al L Bar T marcó un hito en otro sentido. En el lapso de unos pocos días en julio, Hemingway tuvo encuentros separados con dos de sus esposas, Martha Gellhorn, con quien pronto se casaría, y todos sus hijos. La reunión con Hadley Mowrer (ahora vuelto a casar) se centró en su hijo, Bumby. Más tarde, Pauline voló a su encuentro; su intención era utilizar este tiempo para poner fin a su matrimonio. Sin perder el ritmo, Hemingway se fue con Martha para conducir a Sun Valley, Idaho, antes de que Martha, una periodista, partiera hacia Finlandia para cubrir la guerra.

Había conocido a la inquieta y ambiciosa Martha en 1936 en el café y bar Sloppy Joe's en Key West, Florida. La historia de las triangulaciones de Hemingway se estaba repitiendo, con Martha ahora como tercera persona, tal como lo había sido Pauline cuando Ernest y Hadley se casaron.

Una vista de la década de 1930 de Pilot Peak en Absaroka Range al noroeste de Cody, desde L Bar T Ranch, donde Hemingway, a veces con su esposa Pauline y sus hijos, pasaba los veranos en la década de 1930. Archivos del estado de Wyoming.

La cabaña donde Hemingway escribió y se alojó en el rancho de vacaciones L Bar T de los Nordquists en Wyoming cerca de Cooke City, Montana. Centro de Historia Occidental de Casper College.


Cheyenne y una nueva esposa

Ernest y Pauline se divorciaron en noviembre de 1940, y nuevamente sin perder el ritmo, Ernest y Martha se casaron ese mismo mes por un juez de paz en la estación de Union Pacific Railroad en Cheyenne. Viajando en tren, se bajaron para casarse, luego viajó a Nueva York. Casi como si fuera un regalo de luna de miel, Martha le rogó a Hemingway que la acompañara a China. Allí, cubrió la guerra en China para la revista Collier's Magazine , y Ernest consiguió una asignación de revista propia. Él la llamó "Ambición" y ella lo llamó "UC" por "compañero no cooperativo".

Hemingway y su tercera esposa, la corresponsal de guerra Martha Gellhorn, en Sun Valley, Idaho. Se casaron en Cheyenne en 1940. Biblioteca John F. Kennedy.


También se le podría llamar espía: un documento de la era soviética revela que antes de partir hacia China, Hemingway firmó un contrato de espionaje con la Unión Soviética.

En 1944, mientras ambos cubrían la guerra, Martha llegó a Inglaterra donde Hemingway se estaba recuperando en el hospital de una conmoción cerebral causada por un accidente automovilístico después de una fiesta de borrachos. No estaba dispuesta a ser comprensiva, ya que despreciaba que comiera y bebiera en exceso. En Londres, Hemingway conoció y comenzó a cortejar a Mary Welsh.

Mary trabajó como escritora para las revistas Time , Life y Fortune . Todavía estaba casado con Martha, pero su matrimonio se estaba deshaciendo. Martha se divorció de él en 1945 y él y Mary se casaron en 1946 en Cuba. Richard y Marjorie Cooper fueron los anfitriones de la recepción de la boda en su apartamento en el Vedado, Cuba. Richard había servido en el ejército británico, pero también tenía vínculos con Wyoming. Su regalo a los Hemingway fue un juego de cubiertos grabados con un diseño personalizado que incluía montañas, flechas e insignias militares.


Casper y un embarazo difícil

En 1946 en Casper, Hemingway volvió a ser testigo de cómo una esposa soportaba un embarazo peligroso. Mary ingresó en el Hospital del Condado de Natrona con un embarazo ectópico y una trompa de Falopio rota. Después de horas de intenso dolor, sus venas colapsaron y el médico que la atendió declaró que no podía hacer más.

Ernest se lavó y entró en acción, exigió al médico que encontrara una vena competente y administrara plasma. Ernest manipuló la bolsa y la línea hasta que fluyó. Después de más plasma, transfusiones de sangre y cirugía, sobrevivió. Para Ernest, esto era una prueba de que "el destino podía ser jodido".

Hemingway conoció a sus hijos en Rawlins y los llevó a Casper, donde pescaron en el río North Platte mientras Mary descansaba en el hospital. En Mission Motor Court en Casper, Ernest comenzó el manuscrito que más tarde se convertiría en Garden of Eden . Al mismo tiempo, estaba escribiendo la novela Al otro lado del río y hacia los árboles. El escenario es una vez más Italia, pero Wyoming hace una aparición temprana.

En la novela, Jackson, el conductor, es un mecánico de automóviles de Rawlins. Habla de ir a ese “gran lugar”, la Galería de los Uffizi en Florencia, para mirar cuadros porque cree que debería hacerlo. El coronel le recuerda que los pintores estaban restringidos a temas religiosos y le pregunta sus teorías sobre el arte. Jackson comenta que le gustaría que pintaran parte de la región alta alrededor de Cortina, las "rocas del color del atardecer, los pinos y la nieve y todos los campanarios puntiagudos".

“Si tuviera un porro, un bar o una posada, por ejemplo, podría usar uno de esos”, dijo el conductor. Pero si trajera a casa una foto de una mujer, mi anciana me llevaría de Rawlins a Buffalo. Tendría suerte si llego a Buffalo ".

"Podrías dárselo al museo local".

“Todo lo que obtuvieron en el museo local son puntas de flecha, gorros de guerra, cuchillos para arrancar el cuero cabelludo, cueros cabelludos diferentes, peces petrificados, pipas de la paz, fotografías de Liver Eating Johnston y la piel de un hombre malo que lo ahorcaron y un médico lo desoló afuera. Una de esas fotos de mujeres estaría fuera de lugar allí ".

Hemingway y su cuarta esposa, Mary, en Venecia. Se conocieron en Londres en 1944 y se casaron en Cuba en 1946. Ese mismo año, ella sufrió un aborto espontáneo y una cirugía de emergencia en Casper y sobrevivió. Biblioteca JFK.

Más tarde, en la calzada que entra en Venecia, el coronel le dice a Jackson: "... Es una ciudad más difícil que Cheyenne cuando realmente lo sabes, y todo el mundo es muy educado".

"No diría que Cheyenne es una ciudad difícil, señor".

"Bueno, es una ciudad más difícil que Casper".

"¿Cree que es una ciudad difícil, señor?"

“Es una ciudad petrolera . Es una ciudad bonita ".

Pero no creo que sea difícil, señor. O alguna vez lo fue ".

"Está bien, Jackson".

Liver Eating Johnston no fue el único montañés que se abrió paso en una página de Hemingway. En 1948, un ex espía soviético dio testimonio ante el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara, que se acercó incómodamente al escritor. En una carta a su amigo Charles "Buck" Lanham, Hemingway ofreció una " defensa de Jim Bridger ". Sí, había hecho algunos trabajos para los soviéticos, dijo, pero era digno de confianza como Bridger. Comparó sus acciones con las del trampero de pieles, que había mediado entre las tribus indígenas y los colonos invasores.

La amistad de Lanham se selló durante la Segunda Guerra Mundial. Hemingway se desempeñó como corresponsal de guerra integrado en el regimiento de infantería del coronel Lanham en Francia y luego fue reprendido por actividades militares que no estaban permitidas en su papel de corresponsal.

Hemingway vivió según su propio código. En literatura, tuvo que ver con su revolucionario estilo de escritura.


Una larga amistad en Wyoming

Hemingway visitó a Richard y Marjorie Cooper en Wyoming . Más a menudo, los Cooper y Hemingway se reunían en Cuba, Bimini y Tanganica, donde los Cooper eran dueños de una plantación de té.

El padre emprendedor de Cooper, Frank, había trasladado a su esposa, su hijo Richard y su hija Barbara de Medicine Bow, Wyoming, de regreso a Inglaterra, pero tuvo que regresar a Wyoming en 1904 cuando se descubrió petróleo en McFadden, cerca de Medicine Bow (escenario de The Virginian ). Richard Cooper tuvo que mantener su residencia en Wyoming para cobrar las regalías.

Hemingway y Cooper compartieron más que una amistad. En diferentes momentos ambos tuvieron aventuras con la misma mujer, Jane Mason, en África y Cuba. Este estilo de vida rico y mundano significaba que los niños Hemingway y Cooper estaban frecuentemente sin sus padres. El hijo y la hija de los Cooper quedaron al cuidado de la hermana de Cooper, Barbara, en la casa de Laramie en Grand Avenue y 15th Street. (La casa ahora alberga el programa de estudios estadounidenses de la Universidad de Wyoming).

Hemingway y su viejo amigo Richard Cooper, con quien pasó un tiempo en Wyoming, Cuba, Bimini y Tanganyika. Colección de los autores.

En 1951, Hemingway sufrió una serie de pérdidas. Richard Cooper se ahogó en ocho centímetros de agua en un lago de África. Tanto la madre de Ernest como su ex esposa Pauline murieron en 1951 y él expresó un considerable remordimiento.

Hemingway fue galardonado con el Premio Pulitzer de ficción por El viejo y el mar en 1953. En 1954, recibió el Premio Nobel, pero no pudo viajar a Suecia debido al deterioro de su salud.


Casper de nuevo

El último sitio de Hemingway en Wyoming es nuevamente Casper. Su amigo AE Hotchner describió la escena de abril de 1961. Ernest estaba en un vuelo de Idaho a la Clínica Mayo en Minnesota, donde recibió un tratamiento de descarga eléctrica para la depresión. El avión se detuvo en Casper para reparaciones y él trató de caminar hacia la hélice en movimiento, presumiblemente en un intento de suicidio.

A los 61 años, Hemingway estaba luchando contra la depresión, la diabetes, la presión arterial alta y la enfermedad hepática causada por años de beber en exceso.

Cuando dos profesores de la Universidad de Montana habían venido a Ketchum el noviembre anterior para invitar a Hemingway a dar una conferencia, se quedaron atónitos por su aspecto y comportamiento frágiles: hablaba a borbotones y no quería hablar en absoluto de sus escritos. La escena recordaba la visita de Hemingway a Owen Wister más de 30 años antes, ya que consideraban a Hemingway "enormemente considerado", amable y un hombre con "modales del Viejo Mundo".

La terapia de electroshock resultó en la pérdida de memoria y la incapacidad de unir palabras. Después de una segunda hospitalización, nuevamente en Mayo con más electrochoques, fue dado de alta con el pronóstico de que había mejorado, pero Mary sintió que no. Aunque había guardado las armas con llave, Ernest sabía dónde estaban las llaves. El 2 de julio de 1961, en Ketchum, se apuntó con una pistola a la frente y, como su padre, apretó el gatillo.

En la historia de Hemingway, "Las nieves del Kilimanjaro", publicada por primera vez en Esquire en 1936, un escritor moribundo espera que lo saquen de la selva africana para recibir tratamiento para la gangrena. En su estado febril, recuerda Wyoming:

Pero, ¿qué pasa con el resto que nunca había escrito?

¿Qué hay de la finca y el gris plateado del pincel salvia, el rápido, el agua clara en el riego zanjas, y la pesada verde de la alfalfa. El sendero subía a las colinas y el ganado en verano era tímido como ciervos. El llanto y el ruido constante y la masa que se mueve lentamente levantando un polvo cuando los derribaste en la caída. Y detrás de las montañas, la nitidez nítida del pico a la luz del atardecer y, cabalgando por el sendero a la luz de la luna, brillante a través del valle. Ahora recordaba haber bajado por la madera en la oscuridad sosteniendo la cola del caballo cuando no se podía ver y todas las historias que se proponía escribir.


Recursos

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  • Baker, Carlos. Ernest Hemingway: Cartas seleccionadas 1917-1961 . Hijos de Charles Scribners: Nueva York, 1981.
  • Buckley, Peter. Ernesto . Nueva York: Dial Press, 1978.
  • Egolf, Jamie. "La conexión Cooper-Hemingway". Laramie Boomerang , 1980.
  • Egolf, Jamie y Kelley, Chavawn. "Ernest Hemingway, desierto de Wyoming y desierto de la psique". Documento presentado en la conferencia Creativity and Madness, American Institute of Medical Education, Santa Fe, NM, agosto de 2011.
  • Buen corazón, Eugene. Perspectivas críticas: Ernest Hemingway . Pasadena, Calif .: Salem Press, 2010.
  • Gutkind, Lee Allan. "Wyoming de Hemingway", "Piel de oso tentadora" y "¿Por qué se fue de Wyoming Hemingway?" Billings Casper Star-Tribune , 19, 20 y 21 de octubre de 1970.
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  • Sidley, Cornelia, Denver. Entrevistas telefónicas de Egolf, 21 de marzo, 14 de abril y 16 de mayo de 2011, sobre los diarios de William Sidley y las visitas de Hemingway al Silver Spur Ranch cerca de Saratoga , Wyo., Propiedad de los Sidley.
  • Slack, Judy, Wyoming Room, Sheridan County Fulmer Public Library, Sheridan, Wyo. Entrevista telefónica realizada por Egolf, 16 de mayo de 2011. Slack es el autor de un libro que recopila numerosos recortes, fotografías y anotaciones en el diario sobre la estadía de Hemingway en 1928 en los Bighorns.
  • Sojka, Greg. 1989. "Hemingway en Wyoming". Documento presentado en Sense of Region: Cultural Patterns and Human Landscapes, Reunión anual de la Asociación de Estudios Estadounidenses de las Montañas Rocosas, Universidad de Wyoming, Laramie, Wyoming. 21-22 de abril de 1989.
  • Villard, Henry Serrano y James Nagel. Hemingway en el amor y la guerra: El diario perdido de Agnes von Kurowsky, sus cartas y correspondencia de Ernest Hemingway. Boston, Mass .: Northeastern University Press, 1989.
  • Wagner-Martin, Linda, ed. Hemingway: ocho décadas de crítica. East Lansing, Michigan: Michigan State University Press, 2009.

Ilustraciones

  • La foto de Ernest y Pauline Hemingway en 1928 es del American Heritage Center , Universidad de Wyoming. Usado con permiso y gracias.
  • La foto de Hemingway, su automóvil y Bunny Thorne, 1928, es de Wyoming Room en la Biblioteca Pública Fulmer del Condado de Sheridan . Usado con permiso y gracias.
  • La foto de Ernest y Pauline en ruta a Wyoming desde París, 1934, es una foto de archivo de una historia de Casper Star-Tribune publicada en 1970. La foto de la cabaña en la que se hospedaron en el L Bar T, tomada por Lee Gutkind, es de la misma noticia. Ambos son de Casper Star-Tribune Collection, Casper College Western History Center . Usado con permiso y gracias.
  • La foto de Pilot Peak de L Bar T es de los Archivos del Estado de Wyoming . Usado con permiso y gracias.
  • Las fotos de Hemingway pescando en Wyoming, Hemingway y Martha Gellhorn en Sun Valley y Hemingway y Mary Welsh Hemingway en Venecia son de la Colección Hemingway , Biblioteca John F. Kennedy. Usado con permiso y gracias.
  • La foto de Hemingway y Richard Cooper fue entregada al autor Jamie Egolf por el biógrafo de Hemingway Carlos Baker en 1985. Usada con permiso y agradecimiento.