El tema central de este Blog es LA FILOSOFÍA DE LA CABAÑA y/o EL REGRESO A LA NATURALEZA o sobre la construcción de un "paradiso perduto" y encontrar un lugar en él. La experiencia de la quietud silenciosa en la contemplación y la conexión entre el corazón y la tierra. La cabaña como objeto y método de pensamiento. Una cabaña para aprender a vivir de nuevo, y como ejemplo de que otras maneras de vivir son posibles sobre la tierra.

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jueves, 30 de octubre de 2014

Hic et nunc







(...) Steve permanecía sentado ante su mesa de escritorio en el altillo de su vieja casona, una casona misteriosa donde los fantasmas entran y salen sin pedir permiso, "ese palacio de palomas disecadas", escribiendo frente al ventanal cuya vista daba a un glorioso paisaje de campos de cebada, otrora verde en primavera y dorado en verano. El cristal de la ventana moteado por múltiples y minúsculas huellas de excrementos de mosca, un cigarrillo inacabado y el Mesias de Haendel, lo vivido por lo servido. 
Ese lugar retirado de toda miseria mundana donde el viento empuja fuerte en esta estaca donde todos estamos anclados entre el pasado y el futuro. 
Una botella medio vacía de whisky escocés aguardaba el próximo sorbo de un capitán con su nave varada en el agujero negro del tiempo y con la tripulación en cuarentena.
(Continuará...)

Gus Cierzo
Octubre 2014








domingo, 18 de mayo de 2014

Memoria. El acantilado



Cala d'es Portixol - Eivissa
Faro de la Mola



¿En qué lugar? 
¿Era Formentera? Lo recuerdo. Eras difusamente joven y a pesar de que tus ancestros cabalgaban silenciosamente en tu memoria solo tenías 17 años. Desde lejos el aire traía los sones distorsionados de la banda californiana del momento Creedence Clearwater Revival. La vida era un impulso que revoloteaba como una avispa buscando el néctar, mientras tú estabas sentado en una metálica silla verde de una metálica mesa verde de la terraza de aquel bar cerca del acantilado. 
Empezaste a caminar al compás de -Blowin' in the Wind- por la carretera que finalizaba en el acantilado del faro de la Mola con los pies desnudos y deseoso de encontrar la fusión de la arena, el cuero, el sudor, la piel, el sol y tu química cerebral desparramarse en múltiples destellos por el universo.
Al final de la carretera, y a tus pies, hallaste la inmensidad azul del Mediterráneo pero también hallaste, sin buscarlo, la inconmensurable incertidumbre de tu propio futuro en el horizonte.

Gus Cierzo
(18/5/14)









sábado, 29 de marzo de 2014

Un espacio para pensar



Estudio del Molino de Damaniu. Agosto 2012. Foto de Alba Guilera

(...) Arriba, en el estudio, el balcón cerrado. Afuera, nublado y una suave llovizna. Dentro, olor a biblioteca. El recalentamiento del estudio por el sol de verano, intensifica la aroma a madera del interior del molino. Esto es lo que buscaba mi ser. El olor a escuela de pueblo o de biblioteca. El olor de la infancia perdida y ahora reencontrada. Madera y más madera. ¡Dadme madera y ...!, madera para oler la vida.

(...) El paraíso esta aquí. El infierno también. 
Catedral. Monasterio. Refugio. Cabaña. Viento del este.

(...) La naturaleza (el sol, el viento, el paisaje, el tintineo de las hojas del viejo olmo, ningún rastro humano en el horizonte ...) lo atempera, lo apacigua todo. 

(...) "Desafiando siempre la tormenta", cantan. 
"Vivo sin más ... yo soy de la tierra ... soy como la tierra", cantan. 
"Al final la disidencia nos traerá el conocimiento", cantan. 

(...) La cabaña es la condensación de un deseo infantil. 

(...) No debería preocuparme por el ruido de las cosas. El silencio es un regalo de los dioses.  
Regar, cavar, clavar, podar, sulfatar, cocinar, pintar, escribir, caminar, leer, oír música, cantar, respirar, mirar, escuchar, pensar, sentir .... 

(...) Una música sufí, envuelve como un velo, la melancólica espiritualidad de mi silencio sonoro. 

(...) El manzano no dice nada, no habla, tampoco piensa, solo está ahí. A veces baila al compás del viento que lo acaricia





El manzano del molino. Foto de Alba Guilera


Textos de " Un espacio para pensar "  de Gus Cierzo



domingo, 17 de noviembre de 2013

Tardes de domingo






(...) "Me voy a airear. Voy a la contemplación del atardecer. 
Hoy es domingo. Me gustan los domingos porque huelen a perfume decadente y nostálgico, y porque es el momento de perpetuar la ceremonia del abrigo y de la compañía, antes de entrar en la rueda gris y macabra de los trabajos forzados en los campos de concentración de los lunes."

(Gus Cierzo. Molino de Damaniu. Domingo, 12 de Mayo de 2013)



miércoles, 29 de mayo de 2013

El coraje del gran Bukowski

Charles Bukowski (1920-1994)


“We’re all going to die, all of us, what a circus! That alone should make us love each other but it doesn’t. We are terrorized and flattened by trivialities, we are eaten up by nothing. ” 


"Todos vamos a morir, ¡qué circo! Eso por sí solo debería hacernos amar el uno al otro, pero no es así. Estamos aterrorizados y aplastados por trivialidades, nos dejamos consumir por nada. "

-Charles Bukowski





"(...) No tienen un coraje original definido... (...)":









martes, 8 de febrero de 2011

La doctrina del vacío (cuento tibetano)


Era un lama cuya enseñanza enfatizaba la necesidad de percibir el vacío. Instaba a sus novicios y monjes a que se vaciaran de todo y percibieran el sustrato vacío de todos los fenómenos. Pero tanto acento ponía en la necesidad de vaciarse, que un día varios monjes se acercaron a él y le dijeron:


-Venerable lama, en absoluto cuestionamos tus enseñañzas, pero ¿Por qué pones tanto énfasis en la doctrina del vacío?


El lama sonrió y dijo:


-Al atardecer los espero a todos aquí en el santuario con un vaso lleno de agua. Al declinar el día, los monjes llegaron al santuario con sus vasos de agua.


El maestro dijo:

-Golpeen el vaso con cualquier objeto y háganlo sonar. Quiero oir la música de sus vasos. Así lo hicieron los monjes, pero el sonido era muy pobre y apagado.


El lama añadió:


-Ahora vacíen el vaso y vuelvan a hacerlo. Los monjes arrojaron el agua de los vasos y comenzaron a hacerlos sonar. Ahora el sonido era vivo.


El lama dijo:


-Vaso lleno no suena.


Los cinco monjes comprendieron la enseñaza y el lama sonrió satisfecho.


Vacíate de todos tus pensamientos, dudas, preocupaciones y empezarás a escuchar tu voz interior. Vacíate de tu ego y ya no podrás ser dañado ni herido por nadie. Vacíate de tu ignorancia y te zambullirás de lleno en el conocimiento del ser. Vacíate de lo permeable y te fundirás en lo único real, en lo que tú eres.

jma

Fuente: http://www.elllanoenllantas.com.ar/
Foto: http://cualquierotrocomoyo.blogspot.com/2009_04_01_archive.html


lunes, 7 de febrero de 2011

Una historia zen. La naturaleza de las cosas

File:Zen 07289 nevit.jpg
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/fa/Zen_07289_nevit.jpg



Dos monjes estaban lavando sus tazones en el río cuando vieron a un escorpión que se ahogaba. Un monje lo sacó inmediatamente y lo puso sobre la orilla. Durante el proceso fue picado. Volvió a lavar su tazón y el escorpión volvió a caer. El monje salvó al escorpión y fue picado nuevamente. El otro monje le preguntó, “Amigo, ¿Por qué continúas salvando al escorpión cuando sabes que su naturaleza es picar?”
“Porque”, respondió el monje, “salvarlo es mi naturaleza.”

lunes, 24 de enero de 2011

La cabaña del monte



Fredric Brown nació en Cincinnatti, en 1906. Autor de relatos policiacos y de misterio, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial y producirse el gran boom de la ciencia- ficción norteamericana, pagó su tributo al género. En septiembre de 1948, la revista "Starthing Stories" publica su novela "What mad universe?" que posteriormente, y en forma de libro, editaron Button y Bantam. A partir de entonces hace diversas incursiones al mundo de la ciencia- ficción, escribiendo obras entre las que se encuentran "The lights in the sky are stars", "Science Fiction Carnival", "Space on my hands"... y "The Mind Thing" ("El Ser Mente"). Fredric Brown murió en Tucsa, Arizona, en 1972. (Fuente: Cyberdark)


MUERTE EN LA MONTAÑA
Fredric Brown

Vivía en una cabaña en las laderas de una montaña. A menudo ascendía a la cumbre y miraba hacia el valle. Sus sandalias rojas parecían gotas de sangre sobre la nieve del pináculo.
En el valle, la gente vivía y moría. Él las miraba.
Veía las nubes que, a la deriva, pasaban sobre la cima. Las nubes adquirían formas extrañas. A veces eran naves, castillos o caballos, Más a menudo eran cosas extrañas nunca vistas por nadie, excepto por él en sus sueños. Y, sin embargo, las reconocía en la formas de las errantes nubes.
De pie en la puerta de su cabaña, siempre miraba brotar el sol entre el rocío de la mañana. En el valle le decían que el sol no se elevaba, sino que la tierra era redonda como una naranja y giraba de tal modo que, cada mañana, el ardiente sol semejaba saltar hacia el cielo.
Él les preguntaba por qué giraba la tierra, por qué el sol quemaba y por qué no caían al vacío cuando la Tierra los ponía cabeza abajo. Le dijeron que era así ahora, porque así había sido ayer y el día de anteayer, y porque las cosas nunca cambiaban.
Por la noche miraba las estrellas y las luces del valle. Al toque de queda, las luces se desvanecían, pero las estrellas continuaban brillando. Estaban demasiado lejos para escuchar la campana.
Él contaba el tiempo transcurrido por medio de las estrellas y los tres días de sus progresos; para él, tres días hacían una semana. Para las gentes del valle, siete días eran una semana. Nunca soñaron con la tierra de Saarba, donde el agua fluye contra la corriente, donde las hojas de los árboles se encienden con una brillante flama azul y no se consumen, y dónde tres días hacen una semana.
Una vez al año bajaba al valle. Hablaba con la gente, y algunas veces soñaba por ellos. Lo llamaban profeta, pero los chicos le arrojaban trozos de madera. No le gustaban los niños, porque en sus rostros podía ver escrito el mal que vivirían.
Había transcurrido ya un año desde la última visita al valle; entonces abandonó su choza y descendió de la montaña. Fue al mercado y habló a la gente, pero nadie le respondía o le miraba. Les gritó, pero no se dieron por aludidos.
Extendió la mano para tocar el hombro de una mujer y llamar su atención, pero la mano pasó a través del hombro y ella continuó caminando. Entonces se dio cuenta de que había muerto en el transcurso de ese año.
Volvió a la montaña. Al lado del sendero vio una cosa que yacía donde él había caído una vez, para levantarse y continuar su camino. Se volvió al llegar al umbral de su cabaña y vio a la gente del valle transportando aquella cosa. Cavaron una fosa en la tierra y enterraron lo que llevaban.
Pasaron los días.
Desde el umbral de su cabaña miró las nubes errando por las montañas. Las nubes adoptaban formas extrañas. A veces eran pájaros, espadas o elefantes. Con frecuencia eran cosas que sólo veía él. Sólo con verlas en la tierra de Saarba, donde el pan está hecho de polvo de estrellas, donde dieciséis libras hacen una onza y donde los relojes corren hacia atrás después de que oscurece.
Dos mujeres escalaron la montaña, entraron a la choza y miraron a su alrededor.
- No hay nada aquí - comentó la más vieja de las mujeres -. Ni siquiera sus sandalias.
- Regresa - le aconsejó la mujer joven -. Se hace tarde. Ven mañana, yo las encontraré.
- ¿No tendrás miedo?
- El pastor cuida de sus ovejas - aseveró la joven.
La más vieja recorrió de vuelta el camino hacia el valle. Lo oscuridad descendió y la joven encendió una vela. Parecía temer a la oscuridad.
Él la miró, pero ella no lo veía. Sus cabellos eran negros como la noche, y sus ojos grandes y lustrosos, pero sus tobillos resultaban demasiado gruesos.
Se quitó sus ropas y se tendió en la cama. En sueños se agitó con inquietud y las mantas cayeron al suelo. La vela todavía ardía sobre la mesa.
La luz de la llama se derramaba sobre un pequeño crucifijo negro que yacía en la blanco oquedad de sus senos, levantándose y descendiendo con su respiración.
Él escuchó la campana del toque de queda y supo que llegaba la hora de ir a la cima de la montaña, porque aquella era la tercera noche.
Una tempestad descendió sobre la montaña. El viento aulló alrededor de la cabaña, pero la mujer no despertó. Él salió a la tormenta. El viento era cruel como nunca. la mano del miedo oprimió su corazón. Sin embargo, la estrella esperaba. El frío se hizo más intenso; la noche, Manis negra. Un manto de nieve descendió sobre la montaña, cubriendo el punto donde él cayera.
Por la mañana, la mujer encontró las sandalias rojas en el deshielo de la nieve y las llevó consigo en su regreso al valle.
- Tuve un sueño extraño - le contó la mujer más vieja -. Un hombre torcido sobre una cruz.
La joven se persignó.
- ¿El Cristo?
- No - negó la más vieja -. Gritaba acerca de Saarba y el olvido.
- No los conozco - confesó la joven -. No existen tales lugares.
- Eso gritaba - apuntó la más vieja -. Ahora lo recuerdo.
- Sueños, sólo sueños - rió la joven.
La vieja se encogió de hombros.
Las nubes adoptan extrañas formas. A veces son hileras de cisnes o árboles. Con frecuencia son cosas nunca vistas, salvo en la tierra de Saarba.
Las nubes son impersonales. Pasan rápidamente por las cúspides vacías.


FIN

(Enviado por Paul Atreides)

jueves, 20 de enero de 2011

la lluvia amarilla


La lluvia amarilla (Fragmento)1

A través de la ventana, podía ver el pantalón hundido y devorado por el musgo del molino y los reflejos temblorosos de los chopos sobre el río: inmóviles, solemnes, como columnas amarillas bajo la luz mortal y helada de la luna. Todo estaba en silencio, envuelto en una paz tan densa e indestructible que acentuaba más aún la desazón que yo sentía. A lo lejos, sobre la línea de los montes, los tejados de Ainielle flotaban en la noche como las sombras de los chopos sobre el agua. Pero, de pronto, hacia las dos o las tres de la mañana, un viento suave se abrió paso sobre el río y la ventana y el tejado del molino se llenaron de repente de una lluvia compacta y amarilla. Eran las hojas muertas de los chopos, que caían, la lenta y mansa lluvia del otoño que de nuevo regresaba a las montañas para cubrir los campos de oro viejo y los caminos y los pueblos de una dulce y brutal melancolía. Aquella lluvia duró solo unos minutos. Los suficientes, sin embargo, para teñir la noche entera de amarillo y para que, al amanecer, cuando la luz del sol volvió a incendiar las hojas muestras y mis ojos, yo hubiese ya entendido que aquella era la lluvia que oxidaba y destruía lentamente, otoño tras otoño y día a día, la cal de las paredes y los viejos calendarios, los bordes de las cartas y de la fotografías, la maquinaria abandonada del molino y de mi corazón.

JULIO LLAMAZARES
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1 Editado por Seix Barral en 1988 y reeditado posteriormente varias veces.
MOTIVOS LEGENDARIOS EN LA PROVINCIA DE LEÓN. LAS BRUJAS Y LA GRIEGA: TAREAS IMPOSIBLES

Autor: PUERTO, José Luis
Año: 2005 - Tomo: 25b - Revista número: 300. Páginas en la revista: 200-206. Tema: Brujería


La realización de tareas imposibles es un motivo narrativo que nos encontramos con frecuencia tanto en cuentos como en leyendas de tradición oral. Se trata de una acción que desafía las leyes de la lógica, y, en determinados casos concretos, las leyes de la gravedad también.

Esto último es lo que ocurre con dos motivos legendarios, vivos en la provincia de León, que tienen como protagonistas a dos seres “míticos”: las brujas y La Griega.

De ambos, tras una sucinta introducción, vamos a mostrar etno-textos legendarios, recogidos en distintos lugares de la geografía leonesa.

LA GRIEGA

Apuntemos primero lo relativo a este personaje legendario leonés: La Griega. En determinados lugares de la provincia, hay montes en cuyas alturas se ubica lo que se conoce como “El molino de la Griega”. Se trata de elevaciones en las que la erosión (o antiguas labores mineras, acaso) ha horadado un canal en su superficie, que deja la herida de la tierra a cielo abierto.

Estaríamos ante un “mito” autóctono. Encarna la mujer resuelta y decidida, que se propone realizar tareas imposibles, como es la de llevar el agua en la dirección contraria a la marcada por la gravedad, realizando una zanja con el taruco de una de sus madreñas: de abajo arriba, desde los valles a las cimas de los montes. Y todo para moler, para que, en la altura, funcione un molino. Para ello, ha de desafiar las leyes de la gravedad o, lo que es lo mismo, ha de contravenir las leyes de la naturaleza, del mundo natural, por ello, el imaginario tradicional nos la muestra como una mujer desafiante del mismo Dios, y ello se nos muestra a través de un pareado, que dice así:

Quiera Dios o no quiera, ha de moler el molino de la Griega.

El resultado de todo ello es una inundación que derrumba todos sus proyectos de ingeniería “mítica”, que ella trata de detener inútilmente con su propio mandil.

Hemos de suponer, a pesar de no existir caracterizaciones populares de tal personaje femenino y no estar vivo en la memoria tradicional más que su descomunal empeño, que la Griega es una mujer adulta, enérgica y resuelta y con una gran fuerza para realizar su descomunal empeño: llevar al agua a lo alto para moler.

Pero ¿moler qué? Posiblemente, estemos ante una figura que hunda sus raíces en las antiguas explotaciones mineras leonesas del oro, que tienen en Las Médulas bercianas su lugar paradigmático, pero que existieron en otras zonas y comarcas de la geografía leonesa. La Griega estaría simbolizando ese descomunal empeño de quienes, costara lo que costara, se proponían extraer de la tierra los metales auríferos; esa acción minera desarrollada con la técnica de la ruina montium y que tan singulares perspectivas ha dejado en determinados parajes de la provincia de León, en los que la tierra roja, ya explotada, queda envuelta en el verde siempre delicioso de castañares y de plantas de monte bajo.

El personaje de la Griega y su descomunal intento de llevar agua hacia lo alto para moler es conocido en distintas áreas de la provincia de León, con la misma leyenda prácticamente en todas ellas. Todas ellas se caracterizan por la existencia, en algún punto del terreno, de derrames en la tierra que forman una suerte de canales, por donde, hipotéticamente, se habría hecho subir el agua.

También podría estar relacionada la leyenda con elevaciones castreñas. ¿Tendría entonces que ver el antropónimo Griega con la raíz prerromana briga– del topónimo?

Las áreas en las que la leyenda de la Griega está viva en el imaginario tradicional de nuestros campesinos –según se hallan activos los hábitat de la leyenda, de mayor a menor intensidad– son las siguientes: Villarroquel (río Torre), La Quebrantada de Vegas del Condado (río Porma), Valdecastro (río Bernesga), Lancia (río Porma) y Cifuentes de Rueda (río Esla).

Quien primero documenta la leyenda de la Griega, que sepamos, es el agustino leonés, de la localidad omañesa de Rosales, P. César Morán Bardón. En su libro titulado Por tierras de León (1925), nos la plasma del siguiente modo:

Hasta aquí parece que llega un canal llamado la Quinea que partía de Santiago de las Villas, atravesaba la Hoja de León y llegaba por lo menos al molino de la Griega que está en Villarroquel. Cuenta la tradición que al decir la Griega “mañana muele el molino” la reconvinieron con esta cristiana frase “si Dios quiere”, a lo que ella contestó:

Que quiera Dios que no quiera ha de moler el molino de la Griega; y en el momento de la inauguración presa, molino y dependencias, todo quedó destruido como si los mismos diablos hubieran salido del profundo para acabar con aquellos ingenios de la industria humana (1).

El propio padre Morán, tras su documentación de la leyenda del molino de la Griega, nos aventura la que puede tomarse como interpretación más verosímil del significado de este motivo legendario leonés, cuando nos dice: “Este canal (2) no tenía otro objeto que lavar el mineral en antiguas explotaciones auríferas que tanto abundan en toda la tierra de León (3)”.

Después, el propio autor ha vuelto sobre sus indagaciones en torno al molino de la Griega y, en un artículo publicado en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, ha ampliado su campo de observación y ha hablado del Pozo de la Griega y de la Presa de la Griega, en Villarroquel (“el canal y el pozo –nos dice– servían a una explotación aurífera en los tiempos de Roma”); de la existencia de la leyenda en Cuadros, a orillas del Bernesga; de otro Molino de la Griega en La Quebrantada, en el término de Vegas del Condado; y de uno más al pie de la antigua Lancia, en Villasabariego, en lo alto del castro.

Y, según su modo intelectual de proceder, nos aventura esta explicación sobre la leyenda del molino de la Griega:

Parece una leyenda emigratoria, en cuyo fondo es lícito descubrir una colonia griega que, conocedora de las riquezas que atesoraba el subsuelo de los astures, haciendo pactos con los jefes o reyezuelos indígenas y corriéndose de Oriente o Levante a estas tierras occidentales, se pusiera a explorar alguno o algunos de los yacimientos que afloran, y que les cediese el astur avarus, que dice Slio Italico. Pudo esto muy bien ocurrir antes de la guerra cantabroastúrica y continuar durante y después de la misma. Esta solución se ve corroborada por los muchos topónimos griegos que perseveran esparcidos por el país (4).

Siguiendo los pasos del padre Morán, Eutimio Martino ha sido quien después ha rastreado la leyenda del molino de la Griega por todos los ámbitos provinciales que ya había apuntado, casi todos ellos, el agustino. Primero, en una obrita titulada Mitología leonesa de origen romano, que se inicia con un capítulo dedicado a “El Molino de la Griega”, en el que recoge de este modo lo que puede ser el arquetipo de la leyenda tradicional:

Una conseja, o cuentecillo breve, con forma de letrilla poética, sale al paso en tierras de León, particularmente donde concurre La Griega como nombre de lugar:

Dice así:

Quiera Dios o no quiera,
ha de moler el molino de la griega.

Y también:

Que Dios quiera o deje de querer,
el molino de la Griega ha de moler.

La letrilla salta como una chispa en la conversación al contacto con La Griega nombre de lugar pero sola y como recortada en sí misma. Los demás elementos de la historia permanecen en la sombra (5).

Posteriormente, el propio jesuita Eutimio Martino ha dedicado ya toda una monografía, breve pero muy documentada y acompañada por pertinentes ilustraciones fotográficas, en la que, sin desviarse de las hipótesis trazadas por el padre Morán, analiza la leyenda desde perspectivas como los lugares en que se halla viva, sus posibles interpretaciones, la posible historia, la toponimia con ella relacionada, el hecho de ser una leyenda emigrante o mito viajero, para terminar con un ensayo de reconstrucción de la leyenda (6).

Pasamos a mostrar etno-textos legendarios sobre los distintos lugares de la provincia de León en los que existen parajes conocidos como “Molino de la Griega” y en torno a los que la leyenda se conserva viva en la tradición oral.

MURIAS DE PONJOS

En la comarca de las Omañas, nos vamos a encontrar uno de los núcleos en los que se señala la existencia legendaria del molino de la Griega; es una zona en la que recogimos noticias también de canales que, posiblemente, tienen su origen en la minería romana. A esa zona, alude la leyenda recogida en la localidad cepedana de Palaciosmil.

ETNO-TEXTO 1
El molino de la Griega
El molino de la Griega, en Murias estuve yo en un molino que decían que era el molino de la Griega. En Murias de Ponjos. De la Griega, de la Griega. En Murias de Ponjos. Yo, casualmente, estuve moliendo en ese molino, con el carro; de aquélla no teníamos molino y iba con el carro y unos sacos de grano a moler allí, el molino de la Griega.

(Palaciosmil. Otilio Mayo García, 79 años. 8 de junio de 2002).

ETNO-TEXTO 2
La casa de la Griega
Pero no sé más. Sé que le llaman el valle la Griega o la casa la Griega. Molino no, la casa la Griega. A un sitio determinao, que yo no lo conozco, el monte Quintana no lo conozco, pero se lo he oído hablar pues to la vida a los de Quintana. Que dicen que han visto cimientos de la casa, pero no sé más. La casa la Griega. Pero yo no... [¿Y quién sería esa Griega?] Ay, hijo, yo qué sé. Qué sé yo quién sería esa Griega. Y de dónde vendrá el nombre ese.

(Palaciosmil. Julián Mayo Mayo, 65 años. 8 de junio de 2002).

CAMPOSAGRADO. VILLARROQUEL
En la margen derecha del río Luna, poco antes de confluir con el Omaña, para formar el Órbigo, se encuentra Villarroquel, que cuenta también en un monte próximo al pueblo con un canal bien visible, en tal paraje se ubica también el motivo legendario del molino de la Griega.

Forman tales montes un área que desde Villarroquel llega hasta Camposagrado y en la que esta leyenda es bien conocida, ubicándose el molino de este ser legendario en distintos parajes de una zona en la que se hallan vivos no pocos motivos legendarios.

ETNO-TEXTO 3
La presa de la Griega
(A) La presa la Griega será de tiempo de los romanos.
Entonces ésta empezaron a hacer el canal desde Santiago las Villas, de Santiago las Villas y viene a un kilómetro de ahí, porque ésa es la presa, lo que baja, se ha hecho mucho mayor con los arroyos, con los tiempos, ¿no sabe? En l’alto ese hay un estanque, hay un estanque grande, y ahí echaban el agua, pa que moliera el molino de la presa la Griega.

La presa la Griega ... dice:
– Que quiera Dios, que no quiera,
ha de moler el molino la Griega.

Y, bueno, y entonces que si echaron y cayó una paja y se atrancó y que marchó con todo. Esto es lo que hemos oído, sí. Esto es.

(Villarroquel. Manuel Jesús García Vega, 76 años. 26 de octubre de 2002).

(B) Yo he oído de que el molino la Griega que era una presa que trajeron allá de, ¿de dónde la trajeron?, de... ¿de Santiago las Villas sería?, no sé dónde. Y, bueno, que hicieron ahí el molino, hicieron un canal, sí, y ahí está, que toavía está ahí.

Que se atrancó con una paja. Y había dicho él, bueno, que:
– Quiera Dios o no quiera ha de moler el molino la Griega.
Y así se paró. Pero... yo no sé nada más.
(Villarroquel. Guadalupe Meléndez Álvarez, 73 años.
26 de enero de 2003).

(C) ¿El río de la Griega? Que, eso, que había un canal por ahí, que había un molino que molía y que un día se trancó con una paja. Y la dueña o el dueño dijo:
– Que quiera Dios, que no quiera, este molino ha de moler.
Y así se paró. Ya no volvió a funcionar más. De hecho, el canal está ahí; el embalse, no el canal.
(Villarroquel. Mabel Suárez Fernández, 58 años. 26 de enero de 2003).

ETNO-TEXTO 4
El molino de la Griega
(A) Era como un camino, como un camino que venía faldeando por ahí; por ahí, por ahí, por ahí, por ahí... Y luego nunca llegó a regar el agua. Y na más. Y se acabó.
Y na más. Y molió eso. Yo siempre oí el molín de la Griega, de la Griega. Y nunca más supe más.
– Que quiera Dios que no quisiera el molín de la Griega moler había de moler.
Y se secó y no molió nada. Y se acabó.
(Rioseco de Tapia. Baldomero García Diez, 79 años.
26 de enero de 2003).

(B) Dice: – Que quiera Dios que no quiera, ha de moler el molín de la Griega.
Y reventó la presa y no mulió.
Era cuando los moros. Y querían sacá un canal de agua, que, mire, ahora va por aquí por bajo, pues entonces era por arriba. Y estaba más, se nota la rodera; porque pasan los carrus y todo por allí. Y venía dando vuelta, claru, to las faldas la montaña, to la cordillera esta, la guinea, que llaman la guinea porque iba por el altu, hasta Villarroquel, y allí es donde habían hecho molinu.
Y [des]pués reventó y se acabó.
[¿Por qué se llama la Griega?] Porque, no ve que..., yo qué sé si serían griegus, si romanos, o, eso, los moros, o yo qué sé. Ellos le llamaban eso. Yo siempre se lo oí a mi madre.
– Que quiera Dios que no quiera, ha de moler el molín de la Griega.
Y de allí pa allá se acabó. Se reventó y quedó de rodera, de paso pa las…
(Rioseco de Tapia. Dolores Labrador Pérez, 79 años.
26 de enero de 2003).

ETNO-TEXTO 5
El molino de la Griega
El Molino de la Griega, en aquel arroyo de allí de aquel lao, el arroyo Valdinueiro; es el arroyo aquel más profundo que baja allí. Allí decían que viene una presa aquí desde arriba, desde Santiago las Villas, por to las villas esas, ahí pa esa parte, y que hicieron una presa por ahí pa acá, y ahí hicieron un molino, el Molino de la Griega. Bueno, ahí moldría, y no sé, yo de eso ya no...
Nada, pero yo eso ya no sé, no. Yo eso nunca nada más que si había habido un molino ahí, pero…
– Quiera Dios que no quiera, ha de moler el Molín la Griega.
No lo sé. Yo lo que sí he uídu que la presa pasaba por allí por aquella parte y el molino que estaba ahí, ahora yo no lo sé si hubo molino, si no hubo molino, si mulió, si no mulió. Eso no lo sé yo.
(Benllera. Isidro Gutiérrez Fernández, 71 años. 23 de febrero de 2003).

MONTES DEL RÍO BERNESGA
Frente a los pueblos que enseguida aparecerán en los etno-textos que citaremos en este apartado y en la margen izquierda del río Bernesga, hay unos montes en los que también se ubica la leyenda del molino de la Griega.

Veamos las leyendas recogidas en esta zona.

ETNO-TEXTO 6
El molino de la Griega
(A) Decía mi madre, decía, que era un refrán, que decía, que llevaban el agua en un mandil, y decía:
– Quiera Dios o no quiera, tiene que moler el molino la Griega.
Pues es ahí, en Villalbura, donde aquellas casas, en ese monte. No lo sé, yo, eso de to la vida.
(Cuadros. Amabilia González Llamas, 81 años. 16 de septiembre de 2004).
(B) Que se decía que había un molino ahí arriba, que molía, estaba en un monte y no tenía agua. Y lo llevaba una señora en el mandil el agua. Y decía un señor:
– Ha de moler el molino la Griega, quiera Dios o no quiera, ha de moler el molino la Griega.
Y está pa ahí. Yo no sé dónde está. Hay quien sabe dónde está, yo no. Villalbura.
(Cuadros. Amabilia González Llamas, 81 años. 16 de septiembre de 2004).

ETNO-TEXTO 7
El molino de la Griega
Pues decía mi padre que decían:
– Quiera Dios o no quiera,
ha de moler el molino de la Griega.
Y yo he visto el corte que hay, por donde decían que bajaba el agua, que eso es imposible. Yo otra cosa no le puedo decir. El sitio le llaman Villaholgura, Villalbura me parece que pone. Y está un poco, va a estar quizá eso esté ya en el terreno de Carbajal, que sea de Carbajal el terreno donde está esa.
(Valsemana. Emiliano García Fernández, 80 años. 19 de septiembre de 2004).

LA QUEBRANTADA, EN VEGAS DEL CONDADO
En la ribera del río Porma, en su margen izquierda, se encuentra una sucesión de montes de robles. En uno de ellos, conocido como La Quebrantada, dentro del término de Vegas del Condado, hay un enorme canal horadado, con la herida de la tierra bien visible. Nos encontramos con otro paraje leonés en el que se ubica esta leyenda.

ETNO-TEXTO 8
La Quebrantada
El molino de la griega, decían que había sido una mujer que tenía un molino y que cuando ya lo tenía casi terminao, algún traspiés de la obra o tal, y que dijo:
– Juro a Dios que, llueva o no llueva, que ha de moler el molino de la griega.
Y que entonces se había derribao el monte y lo había arrastrao y lo había deshecho, el molino.
[El molino de la Griega] Está frente del cuartel de la guardia civil, o el ayuntamiento, de Vegas del Condado.
(Villanueva del Condado. Casiano Alonso Castro, 77 años. 28 de septiembre de 2001).

ETNO-TEXTO 9
La Quebrantada
Bueno, hay una leyenda aquí de Vegas, de eso que llaman la Quebrantada; la Quebrantada, que es ahí en un... Que dice que era una señora que era muy soberbia.
Y puso un molino. Y la decía: – Ahí, Dios no creo que ahí te eso, porque ahí tie que ser un molino de viento.
Y no funcionó. Vino una riada y se lo llevó todo. Porque ella había dicho, muy soberbia:
– Quiera Dios o no quiera, tiene que moler el molino de la Griega.
Pero no molió. Se lo llevó un arroyo. Eso decían las leyendas que había sido un castigo.
(Castro del Condado. Aida Robles Prieto, 70 años. 16 de marzo de 2002).

ETNO-TEXTO 10
La Quebrantada
Mi abuela Constantina me contó una historia que me quedó grabada en el recuerdo. Dicha historia pertenece a un pueblo cercano a San Vicente y Villanueva, Vegas del Condado concretamente. Hay un monte y por dicho monte venía un reguero, que venía a caer en término de Vegas del Condado, en una cuesta que hay muy alta frente al pueblo y muy cerca del río Porma. Había entonces una señora griega viviendo en Vegas del Condado, que, según la historia, era muy soberbia y muy orgullosa. Y dijo:
– Pues este reguero, viene el agua aquí, podemos hacer un molino, y se denominará el molino de la griega.
Ella lo intentó, con obreros, hicieron un surco, y el agua llegó. Y, al caer en aquella cuesta tan grande, frente al río Porma y frente a Vegas del Condado, caía mansamente y no hacía fuerza. Tal salto de agua no podía moler el molino. Lo intentó por segunda vez, y pasó lo mismo. Lo intentó por tercera vez y se puso ella en el surco, delante de los obreros, iba en madreñas y hilando. Y les iba diciendo:
– Abrir más.
Y el agua seguía. Iba cada vez más profundo el surco, el agua cogía más fuerza, hasta que llegó a donde ellos decían que era el salto de agua, adonde aquella cuesta tan alta, que caía el agua para el terreno ya de Vegas del Condado, para abajo. Y, según llegó allí, que ya vieron que iba con mucha fuerza, ella dijo con todo aquel orgullo que tenía:
– Ahora, quiera Dios o no quiera, el molino de la griega tiene que moler.
Y en ese momento cogió tal fuerza de agua el salto, que se quebró toda la tierra. Y no pudo existir el molino.
Allí existe ese terreno quebrado, que se llama la Quebrantada de Vegas. Y se ve a muchos kilómetros, desde muchos kilómetros. Ésta es la historia.
(San Vicente del Condado. M.ª Esther Fernández Robles, 63 años. 2 de junio de 2002).

LANCIA No lejos de la ribera del Esla y dominando una extensa vega, en la que las aguas del río Porma bajan a rendirse en las del citado en primer lugar, se levanta, en lo alto de un monte, la antigua ciudad de Lancia, capital en su momento de los astures lanciences y muy romanizada.
Es un enclave arqueológico, en el que también aparece la leyenda del molino de la Griega.

ETNO-TEXTO 11
El molino de la Griega
Cuenta la historia que una mujer decidió construir un molino en uno de los altos próximos a la antigua ciudad de Lancia. Después de haber construido el molino, se puso a construir la acequia con la que hacerle funcionar.
Y, en tanto la construía, los lugareños le decían que iba a ser imposible que funcionara esa forma de transportar el agua por aquellos altozanos tan desnivelados.
Pero ella siempre se oponía, diciendo:
– Quiera Dios o no quiera, ha de moler el molino de la griega.
Y no fue así, porque, cuando ya estaba construida la acequia y el molino y se dio paso al agua por el conducto que ella había construido, no llegó el agua al molino.
Antes, justo a la altura de lo que hoy se conoce como la Quebrantada de Vegas, próximo al pueblo de Vegas del Condado, se reventó la acequia, dando lugar a la cárcava que ya he mencionado.
(Villamoros de Mansilla. José Antonio Martínez Llamazares, 41 años. 26 de octubre de 2003).

CIFUENTES DE RUEDA
En la comarca de Rueda, ubicada en ambas márgenes del río Esla, entre Cistierna y Mansilla de las Mulas, en la derecha se asienta el pueblo de Cifuentes, en uno de cuyos montes se ubica también la leyenda del molino de la Griega.

ETNO-TEXTO 12
El molino de la Griega en Los Llanos
Le oí, que decía la señora aquella que:
– Quiera Dios que no quiera,
ha de moler el molino de la griega.
Eso le oí a mi suegro. [¿Cómo explicaban esa historia?]
Que había una presa, que, creo que sería un molino de viento, porque ahí ¿cómo iban a subir el agua? Era imposible. [¿Cómo se llama el sitio?] Los Llanos le llaman, Los Llanos.
Ahí había, hasta hace poco se conocía, como una presa.
Sería pa enfocar el viento, digo yo, porque el agua ahí ¿por dónde la iban a subir? No le puedo decir más.
(Cifuentes de Rueda. Mateo Torbado Martínez, 81 años. 2 de septiembre de 2004).

Hemos ido realizando un recorrido, de oeste a este, siguiendo el itinerario de la leyenda del molino de la Griega, que, como habrá podido observarse, se ubica, por lo general, en parajes que cuentan con montes (de hecho, el topónimo siempre corresponde a la altura de un monte) y que no se hallan muy alejados de la ribera de algún río.

¿Estaríamos ante una leyenda que apunta a lugares en los que hubo antiguas explotaciones mineras? Acaso.

Así lo han indicado, de hecho, algunos de los autores que hemos citado anteriormente. En todo caso, a nosotros nos interesa aquí en lo que tiene que ver con el arquetipo narrativo de realización de tareas imposibles.

LAS BRUJAS

Innumerables y muy variados son los motivos legendarios relacionados con las brujas en la tradición oral viva en la provincia de León.

Uno de ellos es el de las “tareas imposibles” a que está condenada la bruja durante la noche. Lo hemos recogido en una zona del Bernesga próxima a la capital y, en él, la bruja está condenada a pasar la noche vaciando el agua del río con una criba o ceranda, algo totalmente imposible de realizar. Éstas son las variantes recogidas a un mismo informante de la zona indicada:

ETNO-TEXTO 13
Una bruja ha de pasar la noche sacando el agua del río con una ceranda (A) …Al tiempo de marchar, que le dice una, dice: – Vosotras ahora vais a dormir; pero nosotras, por no ir a hacer daño a nadie, tenemos que ir al río, a sacar agua con una ceranda, porque no podemos parar, no podemos descansar.
Y, entonces, después siguieron y, a los pocos días, pues iban pal tren, y estaban –es en Santibáñez– y resulta que, cuando llegaron las amigas a llamarlas para ir al tren, que salió la madre, y que no estaban en casa.
– Pues no están en casa, no sé dónde.
Y, en esto, estaban allí a la puerta, cuando vieron entrar como un gato, o así, por bajo la puerta. Y que sale la madre de ella: – Ya llegaron, ya están aquí; esperar un momento, que ahora van.
Y así fue.
(Valsemana. Emiliano García Fernández, 78 años. 11 de marzo de 2002).

(B) Pues las muchachas, eran dos chicas que iban al hilandero, que se juntaban en la casa por las noches. Y, al tiempo de marchar, le dicen ellas, dice: – Vosotras ahora vais pa casa y vais a descansar; pero nosotras no podemos, tenemos que ir a sacar agua del río con una ceranda, por no ir a hacer mal a nadie.
Y resulta que pasaron unos días y las amigas pues iban pa, aquel día habían quedao de ir pal tren, y resulta que se juntaron y iban a llamarlas y, cuando llegaron a llamarlas, que no estaban en casa. Salió la madre, y la madre, que ellas, que no estaban en casa. En esto vieron entrar como un gato, o no sé qué, por bajo la puerta, y ya salió la madre: – Oye, esperar un momento, que ya llegaron.
Y resulta que no saben por dónde ni por dónde no, se habían metido y ahí estaban en casa. Y ya marcharon pal tren con las amigas.
(Valsemana. Emiliano García Fernández, 78 años. 11 de marzo de 2002).

(C) En Santibáñez del Bernesga, que eran dos chicas y que decían que si eran brujas, que si no eran brujas. Y iban pal hilandero y les decían ellas a las doce que, dice: – Vosotras ahora vais pa casa y vais a dormir. Nosotras tenemos que ir a sacar agua con una ceranda del río, por no ir a hacer daño a nadie.
Y dice que un día por la mañana fueron a buscarlas y que no, la madre, que no estaban en casa, pa ir al tren a León, y que no estaban en casa. Y que en esto, dice que estaban allí, que vieron entrar como un gato, por bajo la puerta. Y que entonces que entró ya pa dentro y ha dicho: – ¡Mira, ya están aquí, ya están aquí; ya está aquí, ya está aquí! Y, eso, que cogieron y ya marcharon pa León, que habían llegao. Que di que sospecharon que si eran lo que habían visto entrar por bajo la puerta.
(Valsemana. Emiliano García Fernández, 80 años. 19 de septiembre de 2004).

Se trata de un motivo legendario presente en la tradición popular, como demuestra una copla recogida en el pueblo salmantino de Herguijuela de la Sierra, dentro de la comarca de la Sierra de Francia, sobre otra tarea imposible en la que aparecen la criba y el agua, que dice:
Cómo quieres que vaya,
vaya y revaya
con una criba al río
a cribar agua.

Pero también hay referencias literarias sobre este mismo motivo, como la que recoge el escritor portugués decimonónico José María Eça de Queiroz, en la que una santa, sin duda alguna por potestad divina a ella otorgada, sí puede realizar una tarea imposible análoga a la de la leyenda de tradición oral:
SANTA GERMANA TRAE AGUA EN UN TAMIZ SIN PERDER UNA GOTA (451 d.C.). Santa Germana iba a llenar su cántaro a la fuente, cuando unos toscos labriegos se lo rompieron y le entregaron un tamiz viejo en su lugar. Germana, sin pronunciar una sola palabra, llevó el tamiz a la fuente, lo llenó de agua y se lo llevó a los campesinos sin perder una gota. En memoria de este milagro, se representa a Santa Germana con un cántaro y un tamiz a sus pies.
Abad Blampignon, Vida de Santa Germana (7).

Otra referencia literaria sobre este motivo legendario de la tarea imposible de transportar agua en una criba nos la encontramos en el poema “La criba”, del poeta irlandés Seamus Heaney, quien, en su poema “La criba”, habla “del hombre que llevaba agua en una criba” (8).

Éste es el poema completo:
LA CRIBA
Nunca viste cómo la usaban pero todavía oyes el cribado y la caída de lo que saltaba en la tela metálica, terrones y brotes en una pequeña pelea, el acervo goteante acumulándose debajo.
¿Qué es mejor, lo que queda o lo que cae? ¿O es que el valor lo crea la elección en sí misma? Con las piernas separadas, y con mano diestra, empieza a imitar el modo de cribar el sentido de las cosas, separándolo de lo que imaginamos, y adivina qué pasó en aquel cuento del hombre que llevaba agua en una criba.
¿Fue ignorancia culpable, o más bien vía negativa a través del goteo y la decepción? (9).

De todo lo indicado, podrían trazarse análisis más minuciosos en varias direcciones; una de ellas sería la de la presencia del motivo de las tareas imposibles en los cuentos folklóricos.

Nosotros, tras mostrar y contextualizar en líneas generales estos dos relatos legendarios, vinculados por ese motivo común de la realización de tareas imposibles por parte de dos personajes femeninos extraordinarios (la Griega y la bruja), nos detenemos en este punto. En otro momento, seguiremos mostrando análisis y etno-textos que obedecen al rótulo de la cabecera: “Motivos legendarios en la provincia de León”.


NOTAS
(1) MORÁN, P. César: Por tierras de León (Historia, costumbres, monumentos, leyendas, filología y arte), Diputación Provincial de León, Breviarios de la Calle del Pez, 16, León, 1987, p. 128.
(2) El llamado la Quinea, en el que se desarrolla la leyenda de la que tratamos.
(3) MORÁN, P. César: Op. cit., pp. 128-129.
(4) “Notas folklóricas leonesas”, R.D.T.P., IV, 1948, en: P. César Morán Bardón, Obra etnográfica y otros escritos. II, Zamora. León. Reino de León, Diputación de Salamanca, Centro de Cultura Tradicional, Serie Abierta, 7, Salamanca, 1990, pp. 316-317.
(5) MARTINO, Eutimio: Mitología leonesa de origen romano, Caja España, Col. León por dentro, 8, León, 1994, p. 11.
(6) MARTINO, Eutimio: El Molino de la Griega. Mitología Leonesa de origen romano, Imprenta Sorles, Cuaderno de Campo, 1, León, 2001, 85 pp. con texto y láminas.
(7) EÇA DE QUEIROZ, José María: Diccionario de milagros, Trad. de Mario Merlino, Mondadori, Madrid, 1990., pp. 3-4.
(8) HEANEY, Seamus: La linterna del espino, Versión de Dídac Pujol Morillo, Península, Barcelona, 1995, p. 117.
(9) HEANEY, Seamus: Op. cit., p. 11

REVISTA DE FOLKLORE
Caja España. Fundación Joaquín Díaz

jueves, 13 de enero de 2011

LEYENDAS CELTAS TRADICIONALES

El Molino de Fincastle

Uno de los brownies más conocidos de las Tierras Altas es Marga Mouloch. Marga tenía un hijo, Zoquetillo, que no obstante era un dobie, que es una variedad estúpida de brownie. Se cuenta de cierto molino de Fincastle que tenía fama de estar embrujado, por lo que nadie se atrevía a poner su planta en él después de anochecer. No obstante, una noche, una joven que estaba preparando la tarta de su boda, se encontró con que le faltaba harina. Como no encontró a nadie dispuesto a ir al molino, tuvo que ir ella misma. Hizo una gran hoguera, puso una olla de agua a hervir y empezó a moler la harina. A la medianoche en punto, entró en el molino un hombrecillo oscuro y feo que avanzó lentamente hacia ella y cuando ésta le preguntó quién era, contestó preguntándole a su vez cómo se llamaba. Ella le contestó: "¡Oh, soy yo misma!". El brownie se acercó más con una mirada maliciosa y desagradable, y ella, asustada, le arrojó un cazo de agua hirviendo. Gritó él airado y se lanzó contra ella, que se defendió vertiendo sobre él el agua hirviendo que quedaba. Salió huyendo por la puerta mortalmente abrasado, y fuese junto a Marga Mouloch, que le preguntó quién le había herido de ese modo, a lo que contestó: "Yo mismo".
Pero la muchacha no estuvo mucho tiempo libre de las iras de Marga. Algún tiempo después, estando ya casada, le pidieron que contase un sucedido y refirió cómo había burlado al brownie en el molino de Fincastle. Sin que nadie lo supiese, Marga Mouloch estaba fuera escuchando y lo oyó todo y tomó su venganza inmediata arrojándole tan violentamente un taburete de tres patas a la joven esposa, que quedó muerta en el acto. Marga Mouloch fue a buscar un nuevo hogar cerca de una granja donde los criados la recompensaban con pan y nata por su servicio. Tan concienzudamente trabajaba que el labrador decidió despedir a todos los criados y contar sólo con su trabajo. Ella se vengó declarándose en huelga y convirtiéndose en un espíritu maléfico constante que tantos engorros le causaba, que tuvo que volver a admitir a los criados.

Fuente: http://www.pelendonia.net/relatos/leyendatradicional3.htm#FINECASTLE

lunes, 10 de enero de 2011

Un día en el molino de Pablo Coelho

Un día en el molino

En este momento, mi vida es una sinfonía compuesta de tres movimientos distintos: "Mucha gente", "Algunas personas", y "Casi nadie". Cada uno dura aproximadamente cuatro meses por año, y aunque a menudo se mezclan en un mismo mes, nunca se confunden.
El movimiento "Mucha gente" lo forman los momentos en que estoy en contacto con el público, los editores, o los periodistas. "Algunas personas" sucede cuando voy a Brasil, me encuentro con mis amigos de siempre, paseo por la playa de Copacabana, voy a algún que otro acontecimiento social o, como es más habitual, me quedo en casa.
Sin embargo, mi intención es hoy divagar un poco sobre el movimiento "Casi nadie". En el momento en que escribo estas palabras, la noche ha caído ya sobre este pueblo de 200 habitantes, situado en los Pirineos, cuyo nombre prefiero mantener en secreto, y donde hace poco compré un antiguo molino reconvertido en casa. Me levanto todas las mañanas con el canto del gallo, me tomo mi café y salgo a caminar entre las vacas, los corderos, y los campos de maíz y heno. Contemplo las montañas, y (al contrario de lo que sucede durante el movimiento "Mucha gente") me olvido de quién soy. No tengo preguntas, ni respuestas, vivo por entero en el momento presente, entendiendo que el año tiene cuatro estaciones (sí, puede parecer obvio, pero a veces lo olvidamos), y que, como el paisaje que me rodea, yo también me transformo.
En momentos como éste, no me interesa mucho lo que sucede en Iraq o en Afganistán: como cualquiera que viva en el campo, las noticias más importantes son las relacionadas con la meteorología. Todos los que viven en el pueblo saben si va a llover, a hacer frío o viento, ya que eso afecta directamente a sus vidas, sus planes y sus cosechas. Veo a un labriego cuidando su campo, nos damos los buenos días, hablamos del pronóstico del tiempo, y seguimos haciendo lo que estábamos haciendo hasta entonces: él sigue con su arado, y yo con mi larga caminata.
Vuelvo a casa y miro el buzón, donde encuentro el diario de la región: hay un baile en el pueblo vecino, una conferencia en un bar de Tarbes (la gran ciudad, con sus 40.000 habitantes), ayer tuvieron que actuar los bomberos porque durante la noche se quemó un vertedero. El asunto que moviliza a la región es la presencia de un grupo al que se acusa de cortar los plátanos de una carretera rural porque por lo visto causaron la muerte de un motociclista; esta noticia ocupa una página entera y varios días de reportajes sobre el "comando secreto" que quiere vengar la muerte del muchacho destruyendo los árboles.
Me detengo al lado del riachuelo que discurre por mi molino. Miro al cielo sin nubes en este verano aterrador, en el que, sólo en Francia, ha habido 5.000 muertos por el calor. Me levanto y practico el kyudo, la meditación con arco y flecha, que me ocupa más de una hora al día. Es ya la hora de almorzar: tomo un pequeño refrigerio y me doy cuenta de repente de que en una de las dependencias de esta antigua construcción hay un objeto extraño, con pantalla y teclado, conectado (maravilla de las maravillas) a una línea de altísima velocidad, también llamada de DSL. Sé que, en el momento en que pulse un botón de aquella máquina, el mundo vendrá a mi encuentro.
Me resisto todo lo que puedo, pero llega el momento en que mi dedo pulsa el botón de "conectar", y aquí estoy de nuevo conectado con el mundo, las columnas de los periódicos brasileños, los libros, las entrevistas que hay que hacer, las noticias de Iraq, de Afganistán, los pedidos, el aviso de que el billete de avión llega mañana, las decisiones que hay que aplazar, las que hay que tomar.
Trabajo durante varias horas, porque eso fue lo que escogí, porque ése es mi lema personal, porque un guerrero de la luz sabe que tiene deberes y responsabilidades. Pero en el movimiento "casi nadie" todo lo que aparece en la pantalla del ordenador es muy lejano, de la misma manera que el molino me parece un sueño cuando estoy en los movimientos "Mucha gente" o "Algunas personas."
El sol comienza a esconderse, el botón está desconectado, el mundo vuelve a ser sólo el campo, el perfume de las hierbas, el mugido de las vacas, la voz del pastor que trae de vuelta sus ovejas al establo al lado del molino.
Me pregunto cómo es posible pasear en dos mundos tan diferentes en apenas un día. No tengo respuesta, pero sé que me da mucho placer, y mientras escribo estas líneas estoy contento.

Pablo Coelho

Fuente: Guerrero de la luz Online. Pablo Coelho
Edición nº 63
Un día en el molino. Historias con el número tres
http://www.warriorofthelight.com/espa/edi63_um.shtml

martes, 28 de diciembre de 2010

Will el del molino
R. L. Stevenson

Traductor: J. L. Piquero

WILL EL DEL MOLINO / LA ISLA DE LAS VOCES / FABULAS

Estas no son fábulas para niños, aunque en ellas aparezcan caballos que hablan y monos que discuten. Tampoco son cuentos de hadas, a pesar de los duendes, las princesas, los castillos y los seres invisibles. Son pequeñas lecciones morales desprovistas de moralina y certeras sátiras de la estupidez y la crueldad del hombre en cualquier tiempo y lugar. También excelentes manifestaciones del cuento fantástico, un género que Robert Louis Stevenson trató como pocos en obras como Los ladrones de cadáveres o El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde. Dotadas de una atmósfera onírica que en algún caso prefigura, con décadas de anticipación, la estética surrealista, las Fábulas del genial autor escocés aciertan a desentrañar las peculiaridades del alma humana y las paradojas de la existencia, siempre desde una ironía y una comicidad radicalmente contemporáneas.

Junto a las fábulas, que Borges calificó como “secreta obra maestra”, la presente edición se completa con dos relatos de muy distinto signo: “La isla de las voces”, perteneciente a la etapa samoana de Stevenson, en la que se trata el viejo tema del periplo en pos del conocimiento; y “Will el del molino”, una historia sobre las decisiones equivocadas y el libre albedrío. Menos conocido que “La isla del Tesoro” o que “Dr. Jeckyll y Mr. Hyde”, el cuento de “Will el del molino era considerado por Henry James como la obra maestra de Stevenson, que por su pureza y simplicidad alcanza la perfección de una historia zen.


Navona editorial
George Eliot, El molino del Floss

(Traducción de Carmen Francí, Alba Editorial (col. Clásica Maior), Barcelona, 2003)

George Eliot



Hace unos cuantos años, se puso de moda entre los escritores una frase para definir en qué consistía su trabajo: "contar historias". Se reaccionaba así contra la literatura experimental, politizada o de ideas del periodo anterior, abogando por una vuelta a la narratividad, al relato puro y duro: no es casualidad que por la misma época se pusiera igualmente de moda hablar, no de escritores o literatos, sino de "narradores". Empezó entonces el auge de las novelas de género (históricas, eróticas, de aventuras...) y, en general, de un tipo de novela de corte decimonónico, repleta de historias, personajes, peripecias... que sigue haciendo su agosto en las listas de los libros más vendidos. Pero sería un error creer que ese imperativo de "contar historias" es la última palabra en la evolución literaria. Pues también ha habido y vuelve a haber autores y épocas partidarios de una literatura más intelectual y especulativa, en la que no se trata sólo de contar, sino de reflexionar sobre lo que se cuenta; que no se ocupa sólo del individuo, de lo singular, de la anécdota, sino también del medio, de lo general, de la categoría: véase —para poner un ejemplo reciente y llamativo— Las partículas elementales de Michel Houellebecq, a la vez suma de historias —a cuál más obscena, tragicómica o truculenta— y argumentado ensayo sobre la sociedad contemporánea.

A la lectora o lector que abra hoy las páginas de ese gran clásico decimonónico que es El molino del Floss (publicado en 1860 y considerado, junto con Middlemarch, la obra maestra de su autora), lo que más le sorprenderá es el constante engarce de lo particular con lo general, de las peripecias de los personajes con la meditación sobre lo que esos personajes y peripecias representan; y la naturalidad con que ese engarce se realiza. Si la novela del siglo XX no deja de interrogarse sobre la posibilidad de narrar, pues duda que sea posible conocer la realidad; si intenta ampliar el campo de lo narrable; si cuando narra, lo hace con ironía, con desconfianza o con desgana; si duda del lenguaje... en la del XIX hallamos en cambio una envidiable certeza, llena de naturalidad y aplomo, sobre lo que se debe y puede narrar y cómo hacerlo. Así nos lo muestra la figura del narrador, en una novela como esta.

Al igual que otros autores decimonónicos, Eliot da aquí la palabra a un narrador omnisciente que, sin embargo, no desdeña hablar de vez en cuando en primera persona ("tengo observado que..."): es este un recurso que hoy nos incomoda, pues llevados por el naturalismo —nos cuesta aceptar sin pestañear el artificio— no podemos dejar de preguntarnos cómo ese anónimo "yo" puede conocer hasta las acciones más secretas y los pensamientos más íntimos de los personajes. Un narrador que interpela al lector, seguro como está de que existe, entre narrador, lector, personajes, el terreno común de lo humano: "Comparto contigo, lector, esta sensación de estrechez opresiva; pero es necesario que la sintamos si queremos entender..." (es este quizá el recurso que más ha envejecido, el que, aquí como en Galdós, más le estorba al lector contemporáneo). Un narrador cuyas observaciones están siempre teñidas de una inteligente pero benévola ironía: en este aspecto, Eliot es sobre todo anglosajona, en una línea que va de Jane Austen a Henry James o Virginia Woolf. Y un narrador heredero, todavía, del humanismo clásico, que cree en una "naturaleza humana" regida por leyes eternas y susceptible de ser conocida, comprendida, comunicada. Faltaba un siglo para que entrásemos en esa "era de la sospecha" definida por Nathalie Sarraute en su famoso ensayo de 1956.

Como todas las grandes novelas del XIX, El molino del Floss es ante todo una novela de personajes: la heroína, Maggie Tulliver, niña impulsiva, inteligente, rebelde, de buen corazón, a la que seguimos desde su infancia hasta su primera juventud; su adorado hermano Tom, menos brillante pero más sensato; su madre, mujer insignificante, convencional, quejumbrosa; su padre, patriarca recto y orgulloso a quien la ruina, a manos de su mortal enemigo el abogado Wakem, convierte en un hombre amargado y vengativo; el jorobado Philip, hijo de Wakem, y varios personajes secundarios, especialmente una caterva de tías y tíos que funciona a modo de coro cómico. Son todos ellos personajes espléndidos, vivos y densos, que evolucionan al filo de las páginas. O casi todos: habría que exceptuar a Philip, Bob y la tía Moss, a los que la desgracia —deformidad física o miseria— dota automáticamente de un corazón de oro: asoma aquí un sentimentalismo victoriano, un maniqueísmo moral, que Eliot acentuará en otra de sus novelas, Daniel Deronda, con el resultado de estropearla por completo.

Las peripecias de estos personajes son utilizadas por la autora como ilustración o ejemplo para sus reflexiones sobre determinados temas, en particular, la educación, la religión, las diferencias entre los sexos, y la relación entre individuo y sociedad, o más ampliamente, entre el yo y el mundo. Sabemos que George Eliot se interesó antes por la religión que por la literatura: tras unos primeros años de rigorismo evangélico, la lectura, a los 17, de una obra de crítica histórica sobre los orígenes del cristianismo le hizo perder la fe, aunque no el interés por el hecho religioso: tradujo la Vida de Jesús de Strauss y la Esencia del cristianismo de Feuerbach. Y El molino del Floss es entre otras cosas la crítica acerba de una sociedad —la inglesa de provincias de su época— cuyo supuesto cristianismo encubre simplemente la inercia, la sumisión a la autoridad y a la costumbre, el conformismo... cuando no cosas peores: el molinero arruinado escribe su afán de venganza, sin dudarlo un momento, en las páginas de su Biblia; por su parte, sus parientes manifiestan, ante la noticia de la ruina, esa actitud que tan útil ha sido para el triunfo económico del capitalismo (véase Max Weber) pero tan terrible en lo social: la buena conciencia de los ganadores y su dureza de corazón ante el fracaso, considerado como una culpa merecedora de humillación y desprecio.

Como suele ser el caso tratándose de escritoras, Eliot se muestra especialmente atenta a las diferencias sociales entre los sexos y al discurso con que se justifican. Al igual que su contemporánea Charlotte Brontë, Eliot quiere defender la causa de la mujer corriente, no especialmente bella, rica, noble ni brillante: "Una muchacha de aspecto anodino que nunca será una Safo, una madame Roland ni un personaje destacado puede, a pesar de ello, albergar en su interior una fuerza similar a la de una semilla que, tarde o temprano, e incluso de modo violento, se abre paso"; en este sentido, Maggie Tulliver representa lo mismo que Jane Eyre (la novela homónima es sólo unos años anterior a El molino...: data de 1847). Pero, contrariamente a Charlotte Brontë, Eliot no destila ira y amargura ante la suerte reservada a las mujeres; opta por una crítica serena. Nos muestra cómo la inteligencia, si se encarna en un cuerpo femenino, es lastimosamente desaprovechada (Maggie es mucho más lista que Tom, pero sólo él recibirá una educación); cómo la inferioridad femenina es mantenida por los varones para sentirse superiores, pero también, por qué las propias mujeres aceptan ese estado de cosas: "Es mucho más fácil hacer lo que le gusta al marido que dar vueltas y vueltas pensando en lo que hay que hacer."

En Una habitación propia, Virginia Woolf distinguía entre los libros escritos "a la roja luz de la emoción" y los dictados por "la blanca luz de la verdad": los de Brontë entrarían en el primer grupo, "deformados y retorcidos" —lamenta Woolf— por la indignación, mientras que Eliot, intelectual y distante, se limita a señalar el efecto estéril y contraproducente que la sujeción de las mujeres tiene sobre la sociedad en su conjunto: los personajes femeninos desaprovechan su talento (caso de Maggie), provocan desastres por su ingenuidad (como la madre de Maggie) o emplean su energía en boicotear a su marido, como hace la tía Glegg, personaje hilarante donde los haya. La aportación, en fin, de George Eliot al debate feminista se resume en este breve diálogo, admirable por su concisión y lucidez: "Haz el favor de decirme" —le espeta Tom a Maggie— "cómo has demostrado ese amor hacia mi padre o hacia mí del que tanto hablas: desobedeciéndonos y engañándonos. Yo muestro mi afecto de otra manera", a lo que Maggie responde: "Porque eres un hombre, Tom, y tienes poder, y puedes hacer algo en este mundo."

Sabemos que tema y argumento son dos aspectos presentes en cualquier narración; el problema es el ajuste entre uno y otro. Como ya hemos dicho, la narrativa de George Eliot se caracteriza por el desarrollo explícito de los distintos temas. Pero eso no la exime, claro está, de incorporarlos a los hilos argumentales, de modo que éstos sean la encarnación de aquéllos. Y aquí es donde, a nuestro entender, El molino del Floss no termina de cuajar. En un primer momento —la infancia de los dos hermanos—, parece que de lo que se trata es de mostrar cómo la desigualdad entre los sexos redunda en perjuicio de todos, pues Tom recibe una educación que no sabe aprovechar mientras que Maggie es privada de esa misma educación, que en ella fructificaría. La segunda parte plantea un tema distinto: un dilema moral claramente shakespeariano, cuando Maggie es cortejada por el jorobado Philip, hijo del hombre que ha llevado a la ruina a su padre; de prosperar, el idilio entre ambos obligaría a todos los implicados a elegir entre la destrucción y la venganza, o la reconciliación y el perdón. Podría verse aquí, también, un tema secundario: la inferioridad social de la mujer hace que sólo pueda unirse en igualdad de condiciones a un hombre físicamente disminuido, como Jane Eyre cuando se casa con el ciego Rochester. Pero una vez más, la línea temática y argumental queda inexplicablemente relegada en favor de otra nueva, la última, que ocupa el volumen tercero: aparece un nuevo personaje, Stephen, demasiado perfecto para ser creíble —es joven, guapo, rico, enamorado—, que plantea otro dilema moral, pues es el novio de la prima y benefactora de Maggie. Pero en vez de afrontar ese dilema, la novela da entonces un nuevo golpe de timón para convertirse en un alegato contra el mezquino convencionalismo que obliga a las mujeres, so pena de muerte civil, no sólo a ser castas, sino a parecerlo... ¿Y cómo anudar, a estas alturas, tantos hilos dispares? Abrumada o aburrida, George Eliot se saca de la manga un trágico final, que, como un deus ex machina al revés, le sirve para desembarazarse limpiamente de unos personajes, argumentos y temas que se han enredado demasiado...

La traducción es en general excelente, rica, fluida; sólo cabría reprocharle el intento fallido —como lo es casi siempre: no en vano es este uno de los aspectos más difíciles del arte de traducir— de reproducir el habla de los personajes incultos. La traductora ha optado por unos apócopes: "t'embarcarías", "d'esas cosas"... que no aportan nada, pues en el lenguaje oral, nadie, por culto que sea, pronuncia claramente "te embarcarías" o "de esas cosas".

Al final, El molino del Floss nos ha contado un poco la misma historia que Middlemarch: cómo una joven idealista, bienintencionada, brillante e ingenua a la vez, afronta los desajustes entre la realidad y el deseo. Pero Middlemarch (publicada en castellano en esta misma y excelente colección) nos la cuenta de forma más coherente



Fuente:
Contar historias y algo más por Laura Freixas
http://www.letraslibres.com/index.php?art=9068